El oficio de enseñar Yoga: lo que ninguna formación puede enseñarte
Yātrā. La ruta para aprender y enseñar Yoga
Los tres planes dan acceso a todo el material de la plataforma.
Inscripciones abiertas solo del 1 al 15 de octubre.
Nuevo este curso
Solo para apuntados del 1 al 15 de octubre.
Para tu práctica
Los nueve obstáculos de Patañjali
Un ciclo para reconocer qué se interpone entre tú y tu práctica.
Patañjali los enumeró hace casi dos mil años y, aunque nuestra vida haya cambiado mucho, los obstáculos siguen resultando sorprendentemente familiares:
- ● La enfermedad y la apatía
- ● La duda y la negligencia
- ● La pereza y la falta de desapego
- ● La percepción equivocada
- ● No llegar a la siguiente etapa, y no saber mantenerse en ella
Un obstáculo al mes: qué es, cómo se reconoce cuando aparece en tu esterilla y qué hacer con él cuando lo tienes delante.
Para tus clases
El oficio de enseñar Yoga
Un encuentro mensual en directo sobre lo que pasa de verdad en una clase.
Aprendiste anatomía, filosofía y doscientas posturas. Lo que no te enseñó nadie fue qué hacer el martes a las ocho cuando en la sala tienes alumnos con necesidades completamente distintas y, al terminar, uno te cuenta algo que te hace replantearte cómo tienes que enseñarle.
Cada mes partimos de una situación real. Yo abro poniendo algunas ideas sobre la mesa y lo desarrollamos entre todos, desde la experiencia y las distintas maneras de enseñar. Y muchos de los temas de los siguientes encuentros saldrán de las propias dudas y situaciones que vayáis proponiendo vosotros.
Todo incluido en cualquiera de los tres planes, junto con todo el material de la plataforma.
Hola, sadhakas, ¿qué tal? Hay cosas que ninguna formación de profesores de Yoga puede enseñarte. Y no porque la formación sea mala, sino porque hay cosas que obedecen al propio sentido de dar clases y más clases, de ver a alumnos y a muchísimos alumnos.
Ya os digo, no es porque las formaciones sean malas, porque nos enseñan anatomía, biomecánica, a veces incluso secuenciación, filosofía, pranayama. Puedes aprender cómo construir una clase, cómo explicar una postura, cuáles son las principales contraindicaciones y todo esto te va a ayudar muchísimo.
Pero luego llega un día en que tienes a los alumnos delante y ahí empieza otra cosa. Ahí empieza el oficio de enseñar Yoga. Porque una cosa es saber Yoga y otra, muy distinta, es enseñar Yoga a personas reales. Es decir, lo que está más allá de una buena secuenciación. Que, si bien es crucial para hacer una buena clase de Yoga, hay muchos factores, que veremos ahora, que intervienen en ese dar clase.
Así que, en este episodio vamos a ver:
- Cómo aprender a mirar a la persona real que tenemos delante, no a un alumno ideal que nos imaginamos.
- Vamos a ver también cómo reconocer nuestros límites nos ayuda y cómo podemos decidir qué necesita de verdad tu intervención en clase.
- Y también vamos a ver una de las cosas que para mí es más importante: cómo encontrar tu propia voz como profesor.
El alumno ideal
Bueno, siguiendo con lo que nos ocupa, decíamos, oye, el alumno ideal. Veréis, cuando estudiamos, casi siempre trabajamos con una especie de alumno imaginario. Una persona que entiende lo que dices, que puede hacer más o menos lo que propones en la clase, que llega a tiempo, que te escucha al 100%, que no tiene una prótesis de cadera o dos hernias o una lesión de hombro. Y además, bueno, a lo mejor hoy ha dormido tres horas. Pero ese alumno, practicante, ese alumno a veces no existe.
En una clase real tienes a una persona que lleva 10 años practicando junto a otra que empezó la semana pasada. Esto suena a algunos, ¿verdad? Una quiere que le corrijas constantemente y otra no quiere que la toques. Una necesita hacer menos, otra piensa que siempre debería hacer más. Y quizá tú hayas preparado una clase maravillosa, una secuencia perfectamente construida, y a los 10 minutos te das cuenta de que esa no es la clase que necesita el grupo que tienes delante.
Eso no aparece en un examen de profesor, pero probablemente sea una de las cosas más importantes que aprendemos al enseñar. Y esto lo vamos forjando poco a poco, porque enseñar no solo consiste en transmitir aquello que sabemos, consiste en aprender a mirar qué está ocurriendo delante de nosotros y qué está pasando con nuestros alumnos.
Reconocer nuestros límites
Imagina que un alumno llega y te dice: tengo una hernia lumbar, ¿qué puedo hacer? Esto es muy, muy típico. Bueno, pues nosotros, oye, hemos estudiado anatomía, biomecánica, ¿no? El Curso de Yoga, por eso os propongo tantas cosas, y hay que saberlo. Pero claro, luego llegan algunas preguntas un poco más difíciles. ¿Hasta dónde llega mi trabajo como profesor de Yoga?
Porque una cosa es saber qué puede hacer, que sea más apropiado, qué secuencia, qué asana. Pero otra cosa es convertirnos, sin darnos cuenta, en un médico, en un fisio, en un rehabilitador, además en medio de la clase. Esto sucede muchísimo cuando empezamos a enseñar. Y es normal, queremos ayudar. El alumno confía en nosotros. Y además nosotros tenemos que estar por el alumno. No estoy diciendo que no. Lo que estoy diciendo es, esto es lo que pasa. Que el alumno nos pregunta.
Y tenemos que aprender algo que no siempre resulta cómodo. Saberte también cuando no sabemos, por ejemplo. O cuando aquello que sabemos no es suficiente para esa clase porque necesita una clase especial, una clase terapéutica. No puede estar en ese grupo.
Entonces, bueno, pues a veces enseñar bien significa dar modificaciones. A veces significa quitar una postura. A veces significa decir: oye, antes de hacer esto conmigo, prefiero que lo consultes con tu médico que está llevando tu caso y lo sabe bien. Eso también es enseñar Yoga. No porque sepamos menos, precisamente porque hemos aprendido a reconocer nuestros límites.
Y luego viene la otra pregunta que viene unida con esto, es: oye, ¿cómo modifico la clase para que la pueda seguir? ¿Le doy indicaciones antes y que las vaya haciendo? ¿Le voy corrigiendo mientras doy la clase? Porque no vamos a dejar tirado ese alumno.
Enseñar la clase que está ocurriendo
Y luego están las clases que simplemente como que no salen como esperabas. Esto nos pasa a todos. Hemos preparado algo sobre el papel, la secuencia. Funciona perfectamente. Empezamos a dar la clase, pero notamos que el grupo no entra, no entiende una transición, la energía cae, hay una explicación que normalmente funciona, hoy no funciona. Puede ser verano, invierno, puede caer calor, frío, de repente ese día ha llovido más.
Entonces, ahí tenemos dos opciones: aferrarnos a la clase que habíamos preparado, esto lo hace mucha gente, es como esto manda y ya está, o enseñar la clase que está ocurriendo. A mí esta diferencia me parece enorme.
Cuando empezamos a enseñar, muchas veces como que estamos pendientes de nosotros, de lo que hemos hecho. De qué hacer, qué digo ahora, qué postura viene después. Me quedan 20 minutos o 30. Me he olvidado de la secuencia. Y es normal. Pero con los años debería ocurrir un cambio. O sea, poco a poco como dejar de mirarnos tanto a nosotros mismos y empezar a mirar más a quienes tenemos delante.
Y entonces las preguntas cambian. Entonces ya no es: ¿estoy enseñando bien mi clase?, sino: ¿qué está necesitando mi clase ahora? ¿Qué están necesitando mis alumnos ahora? Y esto ya es oficio, enseñar Yoga.
No todo lo que vemos necesita una corrección
Hay otra cosa que también aprendemos enseñando. No todo lo que vemos necesita una corrección. Esto cuesta muchísimo, especialmente cuando acabamos de estudiar mucho, que vemos un pie, una rodilla, una pelvis, una mano, un brazo, lo que sea, ¿no? Y tenemos ganas de arreglarlo todo, porque sabemos cosas. Pero que algo pueda corregirse no significa necesariamente que deba corregirse ahora.
Una persona puede estar intentando entender una postura nueva, por ejemplo, y nosotros le damos cinco instrucciones a la vez. El pie, la rodilla, la pelvis, la cintura escapular, el cuello, y quizá todo es correcto, pero el alumno a veces como que se puede aturullar.
Entonces, oye, una de nuestras habilidades tiene que ser, esto no tiene un nombre espectacular, pero tiene que ser elegir, decidir qué hacer, qué postura voy a hacer, cómo es mi grupo en este momento. ¿Qué merece la pena decir ahora con este grupo de alumnos que tengo delante? ¿Qué puede esperar para más adelante? ¿Qué instrucción va a cambiar realmente la experiencia de todas estas personas que tengo? Incluso, fijaos, ¿qué puedo dejar que esa persona o esas personas, qué puedo dejar que lo descubran por sí mismos?
Porque enseñar más no significa siempre decir más. A veces el profesor que más sabe es precisamente el que decide hablar menos. O el que en un momento dado se va al lateral de la sala, mira a todos sus alumnos y ve qué es lo concreto que tiene que decir. No las 100.000 instrucciones que todos nos sabemos después de la formación, sino que tengo que decir solo una cosa en este instante de la clase.
Encontrar nuestra propia voz como profesores
Y luego, claro, tu manera de enseñar también aparece. Durante un tiempo, fijaos que aquí puede ocurrir algo que hay para gente que es incómodo. Yo no creo que sea tan poco incómodo, pero bueno, durante un tiempo enseñamos como nos han enseñado nuestros profesores. Yo creo que está muy bien modelar a nuestro profesor. Utilizamos las frases de nuestros profesores, sus maneras de explicar, incluso de movernos por la sala, sus secuencias, incluso sus bromas, y es completamente normal. Yo creo que es positivo, porque necesitamos apoyarnos en algo y sobre todo en algo que vemos que funciona.
Pero poco a poco empieza una parte muy importante de nuestro trabajo y es encontrar nuestra propia voz como profesores. Esto no significa intentar ser como originales. No se trata de inventar un Yoga distinto para que nadie, o sea, o que nadie haya hecho, ¿no? Significa que aquello que ya sabemos, ¿vale?, aquello que hemos aprendido, que haya pasado lo suficientemente por nosotros mismos y por ver a los alumnos, lo que decía hace un momento, ¿vale?, para que ya no necesites repetirlo exactamente como a ti te lo he…
Entonces, también quizá descubres que explicas muy bien partes de la anatomía o de la biomecánica, que sabes crear un buen ambiente especialmente tranquilo o activo, o que eres bueno viendo las correcciones de una persona para darle una alternativa, o que tienes una manera de conectar filosofía y práctica que ayuda a tus alumnos.
Y es todo esto que es muy bueno, no se decide en una tarde. Se va descubriendo cómo, enseñando clase tras clase, metiendo la pata, corrigiendo, pensando mucho cuando te vas a tu casa, es decir, cómo ha calado esta instrucción, esta manera de explicar, esta manera de hacer, de moverme, escuchando, intentando encontrar de corazón tu propia voz, porque es lo más útil que puedes tener en una clase y va a ser útil para ti, pero también para tus alumnos.
Entonces eso pasa por la reflexión tras las clases. Tomas notas después de la secuencia. Has llevado la secuencia en un cuaderno, en una hoja o donde sea o en el móvil o donde sea y luego tomas notas. ¿Ha pasado esto en la clase? Esto se ha entendido muy bien. Perfecto, me lo anoto. Esto no se ha entendido nada bien. Hay que corregirlo. O ha sido solo con este grupo de alumnos. Lo puedo intentar en el siguiente grupo, pero ya ahí voy con voy a ver qué pasa. Y ahí vamos encontrando nuestra propia voz.
Un oficio fuera de la clase
Y luego también, vamos terminando, hay un oficio fuera del antideslizante, incluso fuera de la clase. Toda esa parte de enseñar Yoga que rara vez imaginamos cuando decidimos hacernos profesores. Como por ejemplo: ¿qué hacer cuando un alumno falta continuamente? ¿Cuánto cobras? ¿Qué haces cuando alguien llega tarde? ¿Qué relación estableces con tus alumnos fuera de la clase? ¿Qué haces cuando una persona empieza a depender demasiado de ti? ¿Qué compartes de tu vida privada? ¿Qué no compartes de tu vida privada? ¿Cómo consigues vivir de enseñar sin convertir cada decisión en un conflicto, si es que lo hubiese? Que no digo que lo hay, pero hay gente que lo tiene entre espiritualidad y dinero.
Pues todo eso forma parte del oficio de enseñar. No está separado del Yoga, porque también ahí aparecen nuestros límites, nuestros miedos, nuestra necesidad de agradar, nuestro miedo a perder los alumnos, nuestra dificultad para decir que no, incluso, como os decía, nuestra relación con espiritualidad/dinero. Y muchas veces enseñar Yoga termina convirtiéndose en un lugar extraordinario para observarnos nosotros mismos con respecto a todo esto.
El profesor también practica
Así que yo creo que el profesor también practica con todo esto, incluso cuando enseña. Yo creo que esta es una de las ideas que más me interesa de todo. Cuando damos clase no dejamos de ser sadhakas para convertirnos en profesores. Nuestra práctica continúa. Solo cambia el lugar en el que está ocurriendo.
Practicas cuando una clase no sale y te enfadas contigo mismo. Practicas cuando un alumno te plantea algo para lo que no tiene respuesta y eres capaz de decir: pues mira, no lo sé, tengo que consultar con mis profesores. Practicas también cuando alguien no sigue exactamente tus instrucciones y no necesitas demostrar tú que tienes razón. Practica cuando ves a 30 personas distintas y eres capaz de aceptar que quizá no existe la clase perfecta para ellas, pero vas a intentar hacer la mejor.
Y ahí empieza realmente el oficio. No cuando sabemos todas las respuestas, sino cuando hemos aprendido a estar presentes frente a todas esas preguntas que nos aparecen.
Enseñar se aprende enseñando
Por eso enseñar se aprende enseñando. Creo que hay una parte de ser profesores de Yoga que no podemos aprender antes de empezar a enseñar. Hay que vivirla. Y ojo, que podemos y debemos prepararnos muchísimo. Debemos hacerlo. Pero después necesitamos muchas horas de clase, muchas personas, muchas situaciones, errores, conversaciones, dudas. Porque el oficio de enseñar Yoga se construye exactamente ahí, en ese espacio, entre todo lo que pues he estudiado y la persona o las personas que tenemos delante.
Y cuanto más tiempo enseño, menos creo que ser buen profesor consista simplemente en tener una respuesta preparada para todo. Cada vez me parece más importante el saber mirar, el saber escuchar y el saber qué necesita la clase, los seres humanos que tengo delante. Porque esto se trata no de mí, no de mi ego como profesor, sino que nosotros tenemos que quitarnos de la ecuación, sino que se trata de los seres humanos que vienen a tomar clase con nosotros.
Entonces, bueno, pues no termina nunca, ¿no? Y por eso también es una práctica, el enseñar Yoga es una práctica para siempre.
El oficio de enseñar Yoga en Yātrā
Como os decía, oye, por eso este año he preparado el oficio de enseñar Yoga, que es un recorrido para aprender a resolver estas situaciones que casi siempre vivimos solos. Cada mes lo que vamos a hacer dentro de Yātrā, este camino de aprendizaje en CallateyhazYoga.com, cada mes vamos a partir de una situación real, un problema, una pregunta, una situación real que pasa en las clases y lo vamos a trabajar entre todos desde la experiencia y las distintas maneras de enseñar. Incluso vais a poder proponer vosotros los temas. Lo vamos a hacer no para encontrar una única forma correcta de hacerlo, sino para aprender a tomar mejores decisiones como profesores y compartir con los demás.
Nos vamos a ver una vez al mes, como os digo, partiendo de una situación real. Oye, pues como lo que os decía, un alumno con una patología, ¿qué puedo hacer? Un grupo en el que cada persona tiene un nivel diferente. Una clase que no sale como esperaba, dudas sobre precios, cancelaciones, cómo vivir de enseñar y, lo más importante, lo que os decía, cómo encontrar nuestra propia voz como profesor. Fijaos que la mitad de los temas no tienen nada que ver con las posturas y, sin embargo, son los que más pesan cuando damos una clase.
Así que nada. Bueno, como os digo, este recorrido va a estar disponible para los apuntados antes del 15 de octubre, porque luego lo vamos a hacer esta temporada y luego lo vamos a eliminar de la plataforma, no se va a quedar ahí como un contenido eterno. Y si entras antes del 15 de octubre vas a tener acceso a estos nueve obstáculos de Patanjali, al oficio de enseñar Yoga y tendrás acceso a todo el material de la plataforma. Te dejo el enlace abajo; si no, entras en CallateyhazYoga.com antes del 15 de octubre y tendrás acceso a todo.
Espero que tengas más salud, que estés cerca de las personas que amas, que esto es lo más importante de la vida, y que te encuentres seguro y en paz. Namaste.
– – – – –
Entradas relacionadas:
- Formarse como profesor sin dejarse los ahorros
- Tertulia de Yoga: cómo seguir formándonos en Yoga
- Las 4 bases de la enseñanza de Yoga
Si eres alumno del Curso, también tienes disponible: