¡CállateyhazYoga episodio 62!
‘Entre el corazón y la piel’


Yoga: entre el corazón y la piel

Namasté. (Saludos al Señor Buda y a todos los Yogis y Yoginis que nos muestran el camino de la vida

Permitidme que comience este audio con un clásico: Yoga significa yugo, unión; está es la definición clásica, la que todos sabemos, pero a veces me hago la pregunta, ¿de qué tipo de unión estamos hablando realmente? ¿cuál es ese camino entre el corazón de la práctica y la piel de nuestra alma? En un principio, sería la unión de nuestro cuerpo con nuestra mente por medio de las Asanas, como oímos siempre, pero podemos ir un poco más allá.

El ser humano opera y se subdivide en muchas partes, a saber: cuerpo, mente, intelecto, alma y consciencia. Entonces, unión sería la re-unión de todas nuestras partes en una sóla. Unión de todas nuestras partes con nuestro Sí-mismo o, en último término, unión de nuestro Sí-mismo individual con el Sí-mismo absoluto.

¿Y cómo actúa el Sadhaka o practicante o incluso alguien que no es practicante de Yoga para realizar su unión?
Creo que es a través de lo que hacemos en nuestro día a día, a través de la materia: la estructura vibratoria con la que dotamos a nuestra manera de relacionarnos con el mundo y con los demás. Finalmente, todo es una energía vibratoria que recibimos, modelamos, enviamos y manejamos con nosotros y nuestro alrededor.

Las posturas de Yoga, como todos sabemos, nos ayudan a dar una forma vibratoria y crear esa unión entre el cuerpo y la mente, la mente y la consciencia. Sé y defiendo que Asana va mucho más allá de lo físico. No obstante, a veces los practicantes olvidamos el concepto global del Yoga y nos limitamos a hacer las posturas que, si bien nos aportan esa claridad y beneficio más allá de lo que se puede describir, creo que no realizan por sí solas esa unión de la que hablamos.

La intención, como bien se señala en el Budismo, es casi más importante que la ejecución. Incluso hay quien por esa práctica semanal o diaria de asanas puede pensar que ya es un yogui realizado y deja su flujo vibratorio en búsqueda de algo más cuando sale de la clase. O, incluso peor, cuando creemos que Asana ya contiene todo, dada su hondura, y no hay más que hacer bien las posturas y estamos libres de hacer lo demás…lo demás es muy importante, es recorrer el camino, es subir la colina, y para ver más allá, hay que subir bien alto.

El camino a lo Divino y vibratorio

Puede que más importante aún es no limitar ese Yoga a las clases propiamente dichas, sino llevar todo el concepto de esa unión a cada cosa que realizamos. Pantanjali nos muestra una escalera de 8 pasos como recorrido de nuestra consciencia, pero también deja claro qué es ese Yoga cuando nos dice: “yoga cittavrti nirodhah” -el Yoga es el cese de los movimientos en la consciencia-.

Entonces, ¿cuál sería ese Yoga?, ¿cuál es ese cese de movimientos en la consciencia?, ¿cuál es esa unión y camino entre el corazón y la piel?
La unión también es sentir, no olvidar, darse cuenta de lo divino en nuestro interior, que es de lo que estamos compuestos aquí mismo, dónde estamos ahora.

¿Cuál es, entonces, ese camino entre el corazón y la piel en el Yoga? O quizá deberíamos preguntarnos…cuál es esa vibración y como puedo alcanzarla? ¿cuál es ese punto dónde veo lo Divino y cómo puedo alimentarlo y llevarlo a cada puntito de mi día y llevarlo a cada encuentro que tengo en el viaje?

Tanto los practicantes como los no practicantes nos solemos olvidar de nuestra propia unión, a veces nos olvidamos incluso de dónde vemos lo Divino. Olvidamos lo obvio, que es el hecho de que vivir es trascendente y nos conformamos con lo que queda de nosotros una vez mancillado el ser supremo que habita en nuestro interior y exterior, y a veces, así llenamos de ego nuestra existencia.

Creo que no estoy hablando de algo esotérico o extraño. Nos despojamos de nuestro interior divino y nos arropamos con cualquier sensación que nuestro ego es capaz de atrapar; o conceptualizamos nuestra práctica olvidando que el verdadero corazón de ésta, no es el método elegido, sino profundizar en nuestro Sí-mismo y ver la verdadera naturaleza de nuestra mente.

El equilibrio entre las Gunas

Algunos llevan tatuajes externos en la piel y otros, aunque los llevamos internos, también los exteriorizamos en ocasiones sin darnos cuenta. Tatuamos nuestro interior de dureza, finura o dulzura, lo que sea, bueno o malo, pero lo tatuamos. Tomamos una actitud determinada en la vida y nos quedamos en ella moviendo entonces una energía que no es buena ni para nosotros, ni para los demás, creando un mundo interno alimentado por la mediocridad.

Cuando actuamos intentando esa unión, ya sea practicando o no posturas de Yoga, sintiendo esa parte sagrada de la vida, tomamos la dureza, finura o dulzura justas. Entonces, los tres gunas – sattva, rajas y tamas – se ajustan en nuestro interior y eso hace tener la unión justa de: intelecto, alma, mente, cuerpo y consciencia. Aunque tambíen, si ajustamos estas últimas cualidades mediante una intención correcta en la práctica, los gunas se ajustan por sí solos.

A veces deberíamos olvidarnos de la parte física del Yoga. Como dice B.K.S. Iyengar: “el Yoga es para la mente, no para el cuerpo. El beneficio físico es un producto derivado que se nos regala”. ¡Y el ser humano lleva tanto tiempo preguntándose cuál es la meta de la vida! ¿Cuál va a ser sino conseguir esa unión con el si-mismo absoluto? ¿Cuál sino la realización de nuestro ser?

Así que primero el Yoga, la vida, y luego lo demás. Voy a repetirmelo, porque a veces lo olvido y necesito grabármelo bien: primero la vibración de la vida, luego lo demás.

Creo que eso no significa que nos convirtamos en santos y nos vayamos a una montaña y nos apartemos de todo. Todo lo contrario, como dice el haiku: Pelando patatas, también puedo girar, la rueda del Dharma. Lo siento, es lo único que me interesa en la vida, hacer girar la rueda de enseñanza del Señor Buda. Y eso es una vibración que puedo girar con el Yoga, pelando patatas o en la sonrisa más pura que le podemos ofrecer a un desconocido…o a nuestro ser amado, que a veces se nos olvida.

De lo finito a lo infinito

Sirve, ama, da, purifícate, medita, realízate, nos dice siempre el maestro Sivananda. O lo que es lo mismo, ¡realiza los ocho pasos del Yoga! ¡O los 8 pasos del noble óctuple sendero Budista! Ya sabeis, como hablábamos en el episodio 59 del podcast: como la suave luz del día: el Buda abandonó a sus maestros y todos los caminos y no le fue mal, ¿por que no hacerlo nosotros también? ¿A quien adoraba el Buda? Eso es lo que más me pregunto…creo que solo a la vibración de la consciencia.

El no quedarnos solo en las posturas hace que purifiquemos nuestro ser a una mayor escala y, practicar las asanas con una buena base, hace que purifiquemos nuestro ser desde el aspecto físico hacia el espiritual. Así que el camino entre el corazón y la piel sería esa unión en cada asana y momento de vida, con cada parte de la existencia. Intentar que cada minuto fuera ese cese de movimientos mentales creados por el ego. Observando, a cada segundo, y ver qué es lo que nos tiene atrapados . Renunciando al ego. “Tada drastuh svarupe avasthanam” -entonces, el que ve mora en su propio y auténtico esplendor-. Eso dice Patanjali en sus Yoga Sutras.

Pero aun así, no podemos olvidarnos de esta vida y empezar a trabajar como si no existiera. Efectivamente estamos aquí para realizarnos en la materia.
En verdad, este mundo no existe, como se afirma en los vedas cuando hablan de esa superposición de Brahaman en todo, pero debemos saber que estamos viviendo aquí, en la no existencia impermanente, y teniendo presente eso, trascender a la realidad última que es lo que queda en cada partícula del universo llamada nirvana, cielo, samadhi…O simplemente vida, existencia…

Y quizá sea esa la parte más difícil de la vida, saber que estamos hechos de absoluto y trabajar con la materia “finita”, intentando, paso a paso, alcanzar lo “infinito”.
Con el trabajo que esta vida da, parece imposible no verse totalmente inmerso en ella y ver más allá de nuestros ojos. Es una determinación verdaderamente titánica, con una envergadura que va más allá de lo que en este mundo estamos acostumbrados.
Pero no debemos olvidar que esa sutileza de la vida no puede ser vista sino desde aquí, justamente donde estamos ahora mismo, colocados en perfecta situación para trascender hacia esa sutileza. Así dice Patanjali: “tatra sthitau yatuah abhyasah” -la práctica es el esfuerzo constante para detener las fluctuaciones de la mente-. O como dice Krsna en la Gita: “Por lo tanto, destruye con la espada del conocimiento del yo la duda, nacida de la ignorancia y que habita en tu corazón, y refúgiate en el YOGA. Levántate, oh Arjuna!”

Así que animo a todos los practicantes de Yoga y a todos los practicantes de vida, a unir los minutos no existentes de la vida, en el presente eterno y autoiluminado de la creación.

Que tengáis una buena práctica, sea cual sea esta.

Saludos al Señor Buda, el iluminado, y a todos los Yogis y Yoginis que nos muestran el camino de la vida.


Enlaces a los temas mencionados en el podcast:

Ep. 59: como la suave luz del día


 

sala de práctica de Yoga

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