Entrenando la mente para entrar en silencio


Hola, sadhakas, ¿qué tal? Hablando de meditación, creo que hay un lugar al que cualquiera que se pone a hacer meditación, todas las tradiciones contemplativas, los yoguis de la India, los maestros zen, los budistas del Tíbet, incluso místicos cristianos, sufíes, yo creo que todos apuntan al mismo sitio, el silencio. Y es de lo que te quiero hablar hoy, de esa presencia y ese silencio.

No el silencio como ausencia de sonido, sino un silencio como estado, como ausencia del ego. Que es un estado de la mente que deja de producir ruido constantemente, continuamente. Se produce un silencio y en ese silencio aparecen cosas, cosas que antes no podíamos ver porque el ruido no nos dejaba.

Antes, quiero recordarte que están abiertas las inscripciones del Curso de Yoga para Gente Normal hasta el 15 de mayo. En el Curso, además de práctica y enseñanza de Yoga, también tenemos un grupo de meditación, de presencia, de silencio, un grupo semanal. Es un encuentro cada semana para iniciar o mantener un hábito de meditación. Es como una excusa, una invitación a sumergirnos en ese silencio. Nos juntamos un ratito y hacemos esa meditación juntos. Las inscripciones del Curso están abiertas hasta el 15 de mayo. Te voy a dejar un enlace directo en la descripción.

Ese vínculo íntimo con aquel ser que llevamos dentro

Como os decía, el silencio, la presencia, no es una idea abstracta, no es como un tópico, una promesa vacía. Lo tenemos que plantear como algo que ocurre, que ocurre de verdad. Y claro, ¿qué pasa? Que cuando nos sumergimos en el silencio, aunque sea un destello, aunque sea un momento, lo reconocemos y luego lo vamos a poder evocar en otro momento. ¿Por qué? Porque es algo que conocemos, porque es algo que llevamos dentro.

¿Por qué? Porque es como volver a un sitio que llevamos tiempo sin ir, que lo conocemos pero que se nos ha olvidado. Realmente es un vínculo muy íntimo. Para mí es esto: es un vínculo muy íntimo con aquel ser que llevamos dentro, ese que no tiene nombre pero que sabemos que eso es realmente lo que somos, eso que todos reconocemos en la máxima intimidad que podemos tener cuando somos honestos con nosotros mismos. Ese ser que no tiene nombre, ese ser que aparece.

Fijaos que las escuelas budistas lo dicen de una manera que a mí me gusta mucho. Dicen que el estado de meditación no es algo a lo que tengamos que ir, sino que es nuestra esencia más íntima, que realmente ya estamos ahí, que lo único que tenemos es como que limpiar el objetivo, quitar lo que sobra para que lo que realmente somos aparezca. Y ya sé que siempre que se habla de meditación se habla de estas cosas, por eso yo te invito a que ya ni siquiera te sientas a hacer meditación sino que reconozcas este espacio dentro de ti.

Y ahí aparecen cosas, ¿no? ¿Qué cosas aparecen? Cada uno, cada persona, cada uno descubrimos nuestras cosas. Esas cosas que aparecen, cada uno tiene las suyas. Pero es un descubrimiento real, no es una abstracción.

Y esto luego implica que en todos los ámbitos de la vida tengamos mucha más claridad, mucha más resolución. Porque como nos devuelve a lo importante, como nos devuelve a aquello que realmente somos, empezamos a actuar de otra manera. Y no digo de otra manera súper calmada y ya parece que somos el Buda Sakyamuni debajo del árbol Bodhi. No, quizás somos una persona muy activa, quizás seamos lo que sea, como seamos estará bien porque decidimos venir con esas cualidades en nuestra personalidad, pero todo lo haremos con mucha más claridad. El que es muy activo será activo, pero con mucha más claridad. El que sea más tranquilo, pues igual, seguirá más tranquilo, pero incluso con mucha más claridad.

Luego, nos puede orientar la práctica del silencio. Nos puede orientar en esa búsqueda interior. Nos sentamos y, oye, ¿a qué vengo? A tachar una casilla de mi ítem diario, a cumplir un protocolo. Ojo, que voy a hablar ahora de esto. Y si somos honestos, yo creo que venimos a mirar hacia adentro. Aunque uno no sepa muy bien lo que hay dentro.

Los protocolos y las etiquetas

Mirad, existen protocolos muy estructurados para hacer meditación. Está muy bien. Todos conocemos un montón de escuelas de meditación clásicas, modernas, basadas en evidencias científicas, programas completos. Todo esto está muy bien. Porque además los protocolos tienen un objetivo muy concreto y lo cumplen. ¿Por qué? Porque la meditación funciona muy bien, porque el silencio funciona muy bien para reducir el estrés, para mejorar la atención, la concentración. Claro, si es que funciona muy bien. Y la ciencia lo respalda. Quien necesite eso está perfecto y está genial.

Lo que sucede con estos protocolos es que a veces nos encasillamos dentro de algo. Y al final, en vez de hacer meditación, en vez de buscar la presencia y el silencio, nos ponemos una etiqueta más. Nos llenamos de etiquetas. Nos llenamos de un certificado de esto, un estoy formado en aquello, soy practicante de tal escuela. Y al final, esa etiqueta, sea cual sea, se convierte en una identidad. En una dualidad, además. O sea, en otra parte del ruido.

Ya os digo que no es que dejemos todos los protocolos, simplemente sepamos lo que hay. Porque cada vez oigo más términos como profesor de meditación o practicante de meditación avanzada, o meditación con un acrónimo con un montón de letras. Y fijaos que la meditación es un regalo que nos han dado tan puro y tan sencillo como este hecho. Cualquiera puede hacer meditación porque cualquiera puede respirar y puede seguir su respiración.

A mí me gusta mucho, por ejemplo, Eckhart Tolle, que dice: ¿puedes observar tu respiración? Si tienes un título de meditación, está muy bien, pero ¿puedes observar tu respiración? Porque si te paras cinco minutos, un par de veces al día y observas tu respiración, ya está.

¿Qué pasa? Que al ego le mata, le machaca que algo sea tan sencillo, tan simple. Al ego le mata que no le podamos poner una etiqueta. Y cuando alguien nos dice que si solo tienes que respirar, si solo tienes que tener presencia en tu respiración, en el silencio, ya está. Claro, el ego dice: ¿pero ya está? ¿No hay un acrónimo detrás de esto? ¿No me pongo un turbante, una túnica, una capa? ¿Como Superman? ¿Me pongo algo? ¿Nada? ¿Un anillo? ¿Me cuelgo un mala al cuello? Nada más. ¿Solo tengo que respirar? Sí. Solo tienes que respirar. Solo tienes que respirar si quieres encontrar a aquel que no tiene nombre. Porque como le pongas un acrónimo, una capa, una túnica, lo que no tiene nombre se convierte en lo que tiene nombre. Se convierte en una etiqueta. Y al ego le machaca esto. No lo quiere. Lo rechaza. Quiere hacer meditación avanzada.

Entonces, las herramientas están muy bien, los protocolos están muy bien, pero no son el destino de aquello que no tiene nombre.

Las tres grandes vías

Me gustan las escuelas budistas, por ejemplo, que de manera clásica, o en el Yoga también, en el Antar Mouna, de manera clásica se podría decir que se organiza como en tres grandes vías.

La primera es seguir la respiración, que como os digo es una pasada para esto, porque el ciclo respiratorio toca en muchos sitios. Podemos simplemente observar cómo entra y sale el aire, fijarnos en el roce del aire en las fosas nasales, el movimiento del tórax. Es muy sencillo el punto de partida.

La segunda manera clásica es mirar un objeto. Por ejemplo, fijar la atención en algo concreto como una llama, una vela, la imagen de un maestro, un símbolo, un yantra, un mandala. Es algo que se convierte en un ancla de tu atención para luego disolverlo y quedarte ya solo en esa búsqueda del silencio y de lo que no tiene nombre. La mente tiene algo a lo que anclarse y si se va, se vuelve al objeto, a la vela, al maestro o lo que sea.

Luego la visualización es una herramienta poderosa en la que se utiliza la imaginación. Lo que pasa es que tenemos que ver que cuando visualizamos estamos construyendo algo activamente en la mente. Estamos utilizando el poder de la imaginación. Y es muy poderoso, es muy potente, se consiguen muchísimas cosas, pero estamos generando contenido. Entonces, yo creo que la visualización está genial, es estupenda para muchas cosas, pero no podemos basar nuestra meditación siempre en esas visualizaciones. Yo creo, es mi punto de vista evidentemente, en que las visualizaciones tenemos que utilizarlas en momentos concretos o temporadas concretas para conseguir cosas porque se consiguen y es una pasada. En la meditación se trata de no construir, de despejar, de soltar. Entonces, la visualización tiene su lugar, tiene sus usos, pero si llamamos meditación siempre a cualquier práctica mental, perdemos el hilo de lo que es la meditación y de lo que la meditación y el silencio realmente hacen.

La tercera es la recitación de un mantra. Incluso hay escuelas que se basan casi exclusivamente en el mantra de cada uno para su meditación. Repetir un sonido, una sílaba, unas palabras en sánscrito. Sabéis que siempre cito cuando hablo de mantras a Swami Vishnu Devananda. Swami Vishnu Devananda decía en su libro Meditación y Mantras: un mantra es una energía mística encerrada en una estructura de sonido. Entonces, claro, tiene una vibración propia y es ultra potente.

Incluso hacer Likhita Japa, ¿sabéis? Coged un cuaderno y empezad a rellenarlo con un mantra. Tiene un poder enorme. Igual que la visualización que os decía antes, o igual que mantener el foco de atención en un objeto, nos ancla en un sitio y es una forma también de entrenar la mente para que deje de saltar. Además de que el sonido resuena en el cuerpo, no solo en la cabeza, e incluso esa resonancia en la corteza cerebral es asombrosa. Como os digo, simplemente es por nombrar estas tres vías clásicas que prácticamente están en todas las tradiciones.

El conocimiento interior y el descubrimiento interior

Al final yo creo que la meditación, o mi foco de la meditación, voy a decir, es lo mismo que buscaba el Buda. El conocimiento interior, el descubrimiento interior, quitar el velo, quitar maya, quitar el velo de la ignorancia. ¿Sirve para relajarse? Claro, pasa, es algo que sucede. ¿Sirve para rendir más en el trabajo incluso? Claro, sí, puede pasar, para un montón de cosas. Pero si estamos enfocados en el silencio, en el descubrimiento interior a través del silencio, tenemos que coger una herramienta que nos sirva para anclarnos, para que sea un trampolín y que a partir de ese trampolín, ese mantra, esa respiración, ese yantra, ese escaneo corporal, lo que sea, no hacer de la herramienta nuestro objeto de meditación, sino utilizarla como lo que es. Un objeto que nos lleva a la meditación. La meditación está siempre detrás de eso. ¿Y qué hay detrás de eso? El silencio, aquello que no tiene nombre.

Por eso os decía que suceden cosas, descubrimos cosas. Y descubrimos aquello que tenemos que descubrir. Cada uno descubrimos una cosa. Es muy bonito porque cuando descubres cosas es bello, es íntimo y es muy real. Casi ni siquiera tienes que decirlo a nadie. Porque es algo que vives de manera muy clara. La realidad se convierte en otra cosa. Y esa es la belleza del silencio y esa es la belleza de la meditación.

Yo os propongo, ya os digo, al menos sentarnos 5 o 10 minutos al día. Y mirad, podemos alcanzar la meditación, podemos alcanzar la concentración, que sería como un paso antes. En Yoga ya sabéis, dharana y luego dhyana, la meditación. Dharana, concentración; dhyana, meditación. Pero fijaos que si solo nos quedamos en silencio, en el grupo de meditación siempre se lo digo, si solo nos quedamos en el silencio ya es alucinante, ya es muy poderoso. Si solo nos quedásemos en esa calma del silencio, la idea es profundizar más, ir más allá, ir profundizando más. Pero si nos quedamos en el silencio ya habremos hecho mucho.

Espero que os metáis de lleno en la presencia, os metáis de lleno en el silencio. Y también espero que tengáis más salud, que estéis muy cerca de las personas que amáis y que os encontréis seguros y en paz.

Namaste.

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