Biomecánica aplicada al Yoga: por qué conocer tu cuerpo cambia tu práctica
Hoy comenzamos una nueva serie sobre biomecánica aplicada al Yoga.
Y quizá, al escuchar la palabra biomecánica, alguien piense: «Uf, esto suena demasiado técnico. No es para mí».
Pero la biomecánica no consiste solamente en aprender nombres de músculos, articulaciones o movimientos. Consiste en comprender mejor qué está sucediendo dentro de nuestro cuerpo cuando practicamos.
Y eso nos interesa a todos: tanto si somos profesores como alumnos, tanto si llevamos un mes practicando como si llevamos veinte años.
Qué es realmente la biomecánica
¿Alguna vez te has preguntado por qué una postura de Yoga te sale bien de un lado y del otro no? ¿O por qué llevas meses —o años— intentando «abrir la cadera» y sientes que no avanzas? ¿O por qué una indicación tan simple como «rota el muslo hacia dentro» a veces parece que te hablan en otro idioma?
La respuesta está en la biomecánica. En cómo funciona tu cuerpo por dentro. Y la buena noticia es que no hace falta ser médico ni fisioterapeuta para entenderlo. Solo hace falta curiosidad.
Vamos a empezar por lo básico. ¿Qué es la biomecánica? Si descomponemos la palabra, tenemos «bio», que es vida, y «mecánica», que es movimiento. Es decir: el movimiento vital. Entender cómo se mueve un cuerpo vivo.
Y fijaos que digo «un cuerpo vivo», no un dibujo en un libro. Porque cuando entendemos una biomecánica, entendemos un movimiento orgánico. Un movimiento que sea natural, que no sea forzado, porque nuestro cuerpo está dispuesto para algo. Está dispuesto para desarrollar una acción concreta en un momento concreto y está preparado para ello.
Entonces, lo que hacemos con la biomecánica es ir refinando esos pequeños actos que al final producen que la postura sea lo más armónica posible. No se trata de obsesionarnos con la perfección, sino de comprender qué está pasando para poder sentirlo mejor.
Y hay una frase que me encanta y que lo resume muy bien: «El movimiento es vida, y cada pequeño ajuste es realizado en busca del perfecto equilibrio». Fijaos: un movimiento equilibrado viene de la suma de muchos pequeños desequilibrios. Porque nada se mueve en una sola dirección, pero todo se ayuda.
Por qué nos importa como practicantes de Yoga
Vale, suena bien en teoría. Pero, ¿por qué nos debería importar esto a nosotros, que lo que queremos es practicar Yoga?
Os voy a contar una cosa personal. Cuando yo empecé a estudiar osteopatía —anatomía, biomecánica, todo eso—, una profesora de Yoga me dijo: «Pero ¿para qué vas a estudiar eso? Estudia otra formación de Yoga». Y yo me quedé sin palabras. Porque para mí era tan evidente la necesidad de conocer el cuerpo en profundidad… Era evidente lo útil que iba a ser.
Y os digo lo que pasó: mi manera de dar clase dio un salto exponencial. No sé si por cien o por mil, pero completamente diferente. Empecé a entender las cosas de otra manera y a poder guiar de otra manera.
Y esto no es solo para profes. Como alumnos, cuando comprendemos lo que está pasando dentro, vamos a entender mejor las instrucciones que nos dan en clase. Vamos a saber por qué una indicación tiene sentido. Y sobre todo, vamos a poder distinguir entre lo que es bueno para nuestro cuerpo y lo que no, más allá de lo que diga un libro o un profesor.
Como dice Francisco Alcaide: «El único libro que no puede ayudarte es el que no lees». Pues con el cuerpo es igual: lo que no conocemos no nos puede ayudar.
Esto me lo ha enseñado muy bien Raúl Trella, que es osteópata, profesor de anatomía y de Yoga, y que imparte el curso de Biomecánica aplicada al Yoga que tenemos dentro del Curso de Yoga de CállateyhazYoga. Raúl siempre dice una cosa que a mí me parece brillante: nuestro cuerpo tiene un lenguaje muy sutil para comunicarse con nosotros. Tan sutil que a veces no lo percibimos. Pero cuando empezamos a entender cómo funcionan las cosas, le damos espacio a que sucedan cosas que antes eran difíciles de explicar.
Crear espacio para que el movimiento suceda
Y esto me lleva a uno de los conceptos que considero más importantes de la biomecánica aplicada al Yoga: crear espacio.
Imaginemos un cajón que está demasiado lleno. Podemos intentar abrirlo, pero algo roza, se atasca y nos obliga a tirar con más fuerza. El problema no es que el cajón no pueda moverse. El problema es que no tiene el margen necesario para hacerlo con libertad.
Con las articulaciones puede ocurrir algo parecido.
Cuando una zona está muy comprimida, rígida o rodeada de una tensión muscular excesiva, el movimiento sigue siendo posible, pero puede volverse más limitado, menos fluido y requerir un esfuerzo innecesario. El cuerpo empieza entonces a buscar alternativas: desplaza otra articulación, cambia la trayectoria o utiliza músculos que no deberían asumir tanto trabajo.
Crear espacio no significa separar los huesos de manera exagerada ni intentar abrir la articulación a la fuerza. Significa reducir la compresión innecesaria y devolverle un pequeño margen para que sus superficies articulares, sus músculos y sus tejidos puedan organizarse mejor.
Podemos verlo claramente en una rodilla flexionada.
Si bajamos hacia una postura comprimiendo la rodilla y dejando caer todo el peso sobre ella, es posible que aparezcan presión, incomodidad o bloqueo. Pero si antes alargamos la pierna, organizamos el apoyo del pie y activamos la musculatura que sostiene la articulación, la rodilla encuentra una trayectoria más clara. No hemos creado un espacio enorme. Hemos creado el espacio suficiente para que el movimiento suceda mejor.
Y cuando aparece ese espacio, ocurren varias cosas.
Primero, el movimiento se vuelve más disponible. La articulación puede recorrer su trayectoria con menos resistencia y el cuerpo no necesita defenderse tanto.
Después, podemos sentir mejor lo que está ocurriendo. Cuando no estamos luchando contra la presión o el bloqueo, resulta más fácil reconocer qué músculos participan, dónde comienza el movimiento y qué zonas están compensando.
Y entonces aparece también la respiración.
Porque cuando el cuerpo deja de sentirse atrapado, ya no necesita protegerse de la misma manera. La respiración se hace más amplia, el esfuerzo se distribuye mejor y la postura deja de ser algo que tenemos que soportar.
Por eso, muchas veces, antes de buscar más intensidad, más profundidad o más amplitud, deberíamos hacernos una pregunta mucho más sencilla:
¿Hay espacio suficiente para que este movimiento suceda?
El cuerpo no se mueve por piezas aisladas
Y aquí aparece otra de las grandes ideas de la biomecánica: ninguna articulación trabaja completamente sola.
Nosotros estudiamos el cuerpo por partes porque necesitamos poner nombres y entenderlo. Hablamos del tobillo, de la rodilla, de la cadera, de la pelvis o de la columna. Pero el cuerpo no se mueve pensando: «Ahora voy a utilizar solamente el tobillo».
El movimiento se organiza en cadena.
Imaginemos que hace años tuvimos un esguince de tobillo y que, aunque dejó de doler, nunca recuperamos por completo su movilidad. Puede que no nos demos cuenta en la vida cotidiana. Caminamos, subimos escaleras y hacemos nuestra práctica de Yoga sin sentir un problema evidente.
Pero si ese tobillo no puede flexionarse lo suficiente, el cuerpo tendrá que encontrar ese movimiento en otro lugar.
Quizá el pie se abra hacia fuera.
Quizá la rodilla cambie su trayectoria.
Quizá la cadera rote más de lo necesario.
O quizá la pelvis se desplace para permitirnos bajar en una postura.
El cuerpo no hace esto porque esté mal diseñado. Lo hace porque es extraordinariamente inteligente. Su prioridad es completar la acción. Si una puerta está cerrada, busca otra.
El problema aparece cuando esa solución provisional se convierte en la manera habitual de movernos.
Entonces puede ocurrir que el lugar donde sentimos la molestia no sea el lugar donde empezó el problema. Podemos sentir tensión en la cadera, en la zona lumbar o incluso en la espalda, y que parte de la causa esté en un tobillo que lleva años sin moverse bien.
Esto no significa que siempre que duela la espalda la culpa sea del tobillo. La biomecánica no consiste en crear reglas rígidas ni explicaciones mágicas.
Consiste en aprender a mirar el cuerpo como un conjunto.
En lugar de preguntarnos solamente «¿dónde duele?», también podemos preguntarnos:
¿Qué parte del cuerpo no está participando y qué otra parte está trabajando por ella?
La postura del libro y tu postura real
Y todo esto cambia también nuestra manera de mirar las posturas de Yoga.
Durante mucho tiempo hemos aprendido observando una imagen: una fotografía en un libro, una persona en una formación o un profesor haciendo una postura. Vemos esa forma y pensamos que nuestro objetivo consiste en reproducirla.
Pero una fotografía solo nos muestra el resultado exterior.
No nos dice cómo son las articulaciones de esa persona, qué proporciones tiene, qué movilidad posee, qué lesiones ha tenido ni qué estrategias está utilizando para llegar hasta allí.
Dos personas pueden hacer una postura que, desde fuera, parece prácticamente igual y estar organizándola de una manera completamente diferente.
Y también puede suceder lo contrario: dos posturas pueden parecer distintas desde fuera y, sin embargo, estar cumpliendo perfectamente la misma función.
Por eso, la biomecánica nos ayuda a dejar de perseguir la postura del libro y empezar a buscar nuestra postura real.
La pregunta deja de ser: «¿Me parezco a la fotografía?»
Y pasa a ser: «¿Qué acción estoy intentando realizar y cómo puede organizarla mi cuerpo?»
Esto no significa hacer siempre lo más fácil ni evitar cualquier dificultad. Tampoco significa que cualquier forma sea correcta solo porque nos resulte cómoda.
Significa comprender la intención de la postura.
Si sabemos qué queremos movilizar, qué necesitamos estabilizar y dónde debería distribuirse el esfuerzo, podemos adaptar la forma sin perder el sentido.
A veces la postura adecuada requerirá doblar un poco las rodillas.
O separar más los pies.
O utilizar una manta, un bloque o una silla.
O quizá no descender tanto.
Desde fuera puede parecer que hemos hecho menos. Pero biomecánicamente, puede que estemos haciendo mucho más.
Porque la profundidad de una postura no se mide solamente por cuánto baja el cuerpo o por lo espectacular de la forma.
También se mide por la calidad del movimiento, por la distribución del esfuerzo y por nuestra capacidad para permanecer allí respirando.
La biomecánica como una forma de escucha
Y quizá esto sea lo que más me interesa de la biomecánica aplicada al Yoga.
No se trata solo de aprender nombres de músculos, ejes de movimiento o articulaciones. Todo eso es útil, por supuesto. Pero el verdadero objetivo es aprender a escuchar mejor.
Cuanto más comprendemos el cuerpo, más matices somos capaces de percibir.
Empezamos a distinguir entre una tensión que forma parte del trabajo y una presión que nos está avisando de algo.
Entre una limitación que podemos explorar poco a poco y una compensación que estamos repitiendo sin darnos cuenta.
Entre esforzarnos y forzarnos.
La biomecánica no sustituye a la sensibilidad. La afina.
Nos ofrece un mapa, pero seguimos necesitando escuchar el territorio.
Y ese territorio es nuestro propio cuerpo: un cuerpo vivo, cambiante y diferente cada día.
Tres ideas para llevarnos a la esterilla
En los próximos episodios vamos a ir entrando en todo esto con más detalle. Hablaremos de articulaciones concretas, de movimientos, de compensaciones y de cómo podemos aplicar estos conocimientos directamente en nuestra práctica y en nuestras clases.
Pero, por ahora, me gustaría que os quedarais con tres ideas.
La primera: el cuerpo no se mueve por partes aisladas, sino como un conjunto.
La segunda: antes de buscar más amplitud o más intensidad, quizá necesitamos crear espacio.
Y la tercera: la postura correcta no es necesariamente la que más se parece a la fotografía, sino aquella en la que nuestro cuerpo puede realizar la acción con sentido, estabilidad y respiración.
La biomecánica no viene a complicar nuestra práctica de Yoga.
Viene a ayudarnos a comprenderla.
Y cuando comprendemos mejor lo que hacemos, también podemos practicar con más libertad, más seguridad y más inteligencia.
Todo esto forma parte del curso de Biomecánica aplicada al Yoga, que Raúl Trella imparte dentro del Curso de Yoga para Gente Normal.
Espero que tengas más salud. Que estés cerca de las personas que amas. Que te encuentres seguro y en paz.
Nos vemos en CállateyhazYoga.com.
Namasté.
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