Los 9 obstáculos del Yoga: el mapa de Patañjali


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Cuando hablamos de los Yoga Sūtras de Patañjali solemos imaginar un texto muy elevado. Frases cortas, misteriosas, sobre la mente, la consciencia, los poderes del yogui, el Samādhi… Es algo que parece que queda muy lejos, algo que se estudia pero que luego, oye, ¿cómo lo llevamos un martes por la tarde a nuestro antideslizante?

No obstante, fijaos que hay muchos momentos de los pādas, de los sūtras, en los que Patañjali lo baja muy a tierra y deja de hablar de la meta como algo abstracto. Nos habla del camino, del terreno, del camino firme que nosotros pisamos y por el que vamos a ir.

Y de hecho hay un momento en el que me parece que hace algo muy honesto, y es que nos avisa de que algo puede salir mal. Nos avisa de que hay, concretamente, nueve cosas con nombre propio que se van a cruzar en nuestra práctica. No en la de algunos practicantes, sino en la de todos.

O sea, que hace dos mil años Patañjali ya sabía que nos vamos a enfrentar con un montón de cosas que él engloba en nueve. Nueve obstáculos que nos vamos a encontrar todos.

Entonces, en este episodio vamos a ver por qué Patañjali describe estos obstáculos como un mapa del camino y no como fallos personales. Esto es muy interesante. Luego vamos a ver los nueve obstáculos, y los vamos a agrupar en tres zonas para que podamos reconocer en cuál estamos ahora mismo. Y vamos a ver también qué propone Patañjali para atravesar estos obstáculos, porque además lo que propone es muy sencillo.

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El terreno que pisamos

Antes de entrar en la lista quiero pararme un momento, porque me parece importante conocerla. Muchas veces vivimos el Yoga como una suma de cosas sueltas. Hoy hago posturas, mañana me siento a meditar, pasado respiro un rato, hago un rato de silencio. Y ojo, que esto está muy bien, porque la práctica se compone de estos pequeños momentos. Pero no podemos dejarlo en momentos aislados.

¿Qué pasa cuando conocemos realmente textos como este, como los Yoga Sūtras de Patañjali? Que entendemos en qué contexto nos movemos como yogis y yoginis, como practicantes. Entendemos que no solo hacemos Āsanas, silencio, meditación, sino que vamos caminando sobre un terreno.

Un terreno que tiene subidas, que tiene tramos llanos, que tiene zonas donde se resbala. Y que todo lo que hacemos en el antideslizante forma parte de un mismo camino.

Yo creo que esto es lo que le da sentido de conjunto a todo, y cambia algo muy importante: cuando llega un tramo difícil, y todos nos enfrentamos a algún tramo difícil, ya no sentimos que algo se ha roto, sino que sentimos que seguimos en el camino, que seguimos en el recorrido.

Antarāyas: lo que se interpone

Fijaos, en el sūtra 30 del primer pāda, del primer capítulo, Patañjali hace esa lista de los nueve obstáculos. Los llama antarāyas: lo que se interpone, lo que se mete en medio del camino.

Pero fijaos que no los define como defectos, no los define como debilidades, sino que los define como citta vikṣepa, o sea, dispersiones de la mente. Formas en las que la mente se desparrama, deja de estar donde queremos nosotros que esté.

Es como… pensad en un mapa de montaña. Un buen mapa no solo marca la cima: marca también dónde el sendero se estrecha, dónde hay unas piedras sueltas, dónde suele haber niebla. Es como cuando vas por la carretera y ves “peligro de niebla” y dices, pero si hace un sol. Ya, pero el que ha hecho el camino antes sabe que en algunos momentos, en algunas horas, en algunos meses del año, ahí puede haber una niebla de las jorobadas.

Y eso no significa que la ruta sea mala. Significa simplemente que alguien la ha recorrido antes y nos lo cuenta. Entonces, saber que ahí viene un paso difícil no lo hace desaparecer, pero cambia por completo cómo llegamos a él. Ya no pensamos “me he perdido”, sino que pensamos “ah, este es el tramo”.

A mí es como me gusta leer esta lista, este recorrido. Y, como os decía, para mí este mapa tiene tres zonas. No es el orden en el que Patañjali los enumera, pero os lo voy a poner de una forma de mirarlos juntos y reconocer con más facilidad dónde estamos nosotros.

Zona 1: los que nos frenan antes de empezar

Los tres obstáculos de la zona 1 son los que nos frenan antes de empezar la práctica. Antes de desplegar el antideslizante, por ejemplo.

El primer obstáculo es vyādhi, que es la enfermedad. Yo creo que es el más honesto de todos: Patañjali nos pide que no practiquemos como si el cuerpo no existiera. Nos dice, oye, hazte consciente de que un dolor, una lesión, un resfriado pueden cambiar la práctica, y a veces lo que tenemos que hacer es adaptar esa práctica.

O sea, podemos hablar de conciencia, de meditación, de Samādhi, de las grandes experiencias del Yoga, pero ojo, Patañjali nos dice: practicamos desde un cuerpo. Y si ese cuerpo duele, enferma, pierde energía, necesita recuperarse, eso va a condicionar en cierta medida nuestro camino.

Porque a veces tenemos una imagen de la práctica en la que parece que deberíamos estar por encima de todo eso, y Patañjali empieza diciendo justamente lo contrario. No. Dice: el cuerpo importa, la enfermedad puede convertirse en un obstáculo. Y habrá momentos en los que la práctica, y cuando hablo de práctica no hablo de Āsana, hablo de los ocho pasos del Yoga de Patañjali, tendrá que adaptarse a esa realidad, no luchar contra ella.

Luego está el segundo obstáculo, que es styāna, la apatía, esa languidez mental. Esos días en los que el antideslizante está ahí, a dos pasos, pero como que no encontramos ganas.

Aquí estamos más cerca de la apatía, del embotamiento, de una especie de pesadez de la mente. El momento en el que piensas: sé lo que tendría que hacer, incluso quiero hacerlo, pero parece que por dentro no hay movimiento. Estás como tamásico. No hay impulso. La mente está como detenida.

Y luego está el tercer obstáculo de esta zona, que es ālasya, la pesadez, la pereza. Yo creo que aquí está el matiz: si styāna está como en la mente, ālasya está más como en el cuerpo. Depende también de los comentaristas de los Yoga Sūtras, pero está más en el cuerpo, esa sensación de estar hechos de plomo.

Hay una diferencia entre no poder, no tener claridad, descuidarse o sencillamente no querer el esfuerzo que algo requiere. Porque practicar requiere cierto esfuerzo, sentarte a meditar requiere cierto esfuerzo. No es siempre un esfuerzo enorme, pero es suficiente como para tener que vencer esa tendencia que tenemos a escoger lo más fácil, lo cómodo, lo inmediato, ese estado tamásico.

Estos tres obstáculos de esta primera zona tienen algo en común, y es que nos paran en la puerta. Y casi siempre se atraviesan igual: no esperando a tener ganas, sino empezando con algo tan pequeñito que no pese. Cinco minutos, una postura, tumbarse un rato en Śavāsana, hacer un poquito de silencio consciente.

Ya sabéis que siempre os propongo esto: ¿cómo vencer esa pereza? Empieza con micro hábitos. Porque la energía muchas veces no viene antes de practicar, viene practicando. Si estamos así, nos ponemos cinco minutos y a ver qué pasa. No significa ir en contra de nosotros mismos, sino aprender a distinguir qué está ocurriendo. Yo creo que por eso es tan importante saber movernos en las etapas del camino.

Zona 2: los que nos desvían por el camino

La segunda zona es la de cuando ya estamos en la práctica pero algo nos va sacando del sendero.

Saṃśaya es la duda. ¿Lo estaré haciendo bien? ¿Servirá esto de algo? ¿No será mejor otro estilo? ¿Otro profesor? ¿Otra aplicación? La duda es traicionera porque parece inteligencia, parece que estamos siendo críticos, y a veces es así, pero muchas veces es solo una forma elegante de no comprometernos con nada.

Y ya os digo que la duda no es mala por sí misma, porque la duda nos lleva también a investigar, a preguntar, a no creernos cualquier cosa. El problema aparece cuando la duda no abre una investigación, sino que nos impide sostener una dirección el tiempo suficiente.

Vamos con el quinto, que es pramāda, el descuido. El descuido es como practicar con el piloto automático, hacer las posturas pensando en la lista de la compra, no estar centrados en la práctica, recitar los mantras de manera automática sin sentir la vibración.

Este obstáculo es más sutil porque externamente la práctica existe, seguimos haciendo las cosas, pero hemos dejado de estar con la atención puesta en ella.

El sexto es avirati, que es la dispersión hacia los placeres de los sentidos. Y no es que Patañjali no quisiera disfrutar de la vida, ni mucho menos, sino que es la tendencia a que cualquier estímulo sea más apetecible: la serie, el plan, el scroll infinito.

Fijaos, está virati, que tiene que ver con retirarse, con separarse de todo eso, con cesar esa actividad. Y avirati es la dificultad para hacerlo. Patañjali no conocía las redes sociales ni el scroll infinito, pero conocía perfectamente la mente que no deja de ir detrás de algo, de lo que fuese en su época. Y esa mente tiene muchas dificultades para quedarse quieta.

Estos tres obstáculos no nos frenan en la puerta como los de antes: nos dejan entrar, pero nos van desviando poco a poco. Y aquí no nos ayuda tanto la fuerza de voluntad, sino que lo que nos ayuda es tener una dirección. Tener un sentido. Saber qué vamos a practicar hoy, por qué lo vamos a practicar, hacia dónde vamos.

Yo siempre os hablo de eso, como practicantes y como profesores: sentido y dirección. Porque si no, alimentamos ahí esa duda. Estos obstáculos nos despistan.

Zona 3: los que aparecen cuando ya llevamos tiempo

La última zona son los tres obstáculos que aparecen cuando ya llevamos un tiempo practicando. Es la más sutil, es la del practicante ya con experiencia.

El primero es bhrāntidarśana, la percepción errónea. Es decir, creer que estamos haciendo algo que no estamos haciendo. Este es delicado, porque si estás enfermo sabes que estás enfermo, y si tienes dudas puedes reconocer que estás dudando. Pero cuando es la visión la equivocada, muchas veces precisamente no sé lo que no sé. No sé que estoy equivocado.

Puedo interpretar una experiencia de una determinada manera, pensar que he comprendido algo, creer que voy en una dirección cuando quizá estoy yendo en otra. Y aquí esto exige mucha reflexión, discernimiento, tiempo, contraste y humildad.

Yo siempre en Cállate y Haz Yoga os propongo un montón de herramientas. Evidentemente hay un 90 o 95 % de Yoga, pero hay un 5 % de desarrollo interno, desarrollo personal o como lo queramos llamar, con otras herramientas. Incluso en el Curso de Yoga tenemos un curso de PNL, tenemos un curso de budismo. ¿Por qué? Porque son cosas que nos hacen de contraste, que nos dan otros puntos de vista, otras maneras de mirar y de mirarnos. Si actuamos con humildad y podemos contrastar e investigar otros caminos, podemos ver dónde estamos nosotros.

El segundo obstáculo de esta zona es alabdhabhūmikatva: no encontrar un terreno firme. No encontrar nuestra tierra, no saber cuál es el lugar sólido en la práctica, no saber desde dónde apoyarnos.

Patañjali reconoce explícitamente que podemos hacer un camino pero, durante un tiempo, no obtener aquello que esperábamos. Ya sabéis, esas épocas en las que parece que no avanzamos en lo que quiera que estamos haciendo. Porque Patañjali sabía que no todo es progreso inmediato, que no toda la práctica produce enseguida una experiencia clara, que no da resultados visibles, y eso puede convertirse en un obstáculo porque empezamos a preguntarnos si merece la pena seguir.

Y luego está el noveno, el último obstáculo, que es anavasthitatva: no permanecer en el terreno alcanzado. Es decir, que llegas por fin a ese suelo firme, pero se nos mueve. Tenemos una etapa preciosa de práctica, pero se nos escurre entre los dedos.

Y eso también forma parte del mapa, eso también lo sabía Patañjali. ¿Por qué? Porque el camino no es una escalera en la que subimos un peldaño y ese peldaño ya queda conquistado para siempre. A veces llegamos, a veces permanecemos, a veces no.

Fijaos que estos dos últimos obstáculos nos hablan de estabilidad: de encontrar suelo, de encontrar tierra, de quedarnos en él. Y eso no depende de cuántas horas practiquemos, sino de cómo está construida la práctica, de ese sentido y esa dirección. Yo creo que esto es lo más valioso de todo: saber desde dónde estamos construyendo esa práctica.

Los obstáculos no vienen solos

Vamos a finalizar ya con ese remedio que nos da Patañjali. Tenemos estos nueve obstáculos y, en el sūtra siguiente, en el 31, Patañjali añade algo que a mí me parece de lo más fino de todo el texto. Antes del remedio dice: vamos a aclarar una cosa. Estos obstáculos no vienen solos, vienen acompañados.

Vienen acompañados por duḥkha, que es el sufrimiento. Por daurmanasya, que literalmente sería algo así como la mente mala: el desánimo, la mente que se va a la oscuridad. Luego habla también, y esto igual también depende de comentaristas, de la inquietud de los miembros: el cuerpo que no encuentra quietud, que se mueve, que tiembla, esa sensación corporal en la que no estás bien. Y luego nos habla de la respiración, inhalación y exhalación alteradas.

O sea, que empieza en lo emocional pero acaba en el cuerpo. Y esto quizá lo vemos muy claro en el antideslizante, porque ahí ya sabemos que algo está pasando, que estamos rayásicos o que estamos inquietos, que hoy tenemos un día negro. Bueno, pues es esta oscuridad en la que nos encontramos todos.

El remedio: fijar la mente en el OM

Ahora sí, Patañjali en el sūtra 32 dice que hay un remedio, hay un principio. Aquí hay comentaristas que no se ponen de acuerdo. Vyāsa, por ejemplo, que es el primer gran comentarista de los Yoga Sūtras, lo lee como fijar la mente en un único objeto.

Otros comentaristas, otras traducciones, y esto a mí es lo más bonito, lo leen como que la devoción a la divinidad y la repetición del OM hacen desaparecer los obstáculos. Si tienes problemas con la divinidad externa, la divinidad interna. Y el OM, con la vibración interna.

O sea, que Patañjali nos dice que hay un remedio para acabar con todos estos obstáculos y con los compañeros de los obstáculos: fijar nuestra mente en el OM. Repetir el OM, el mantra OM, que hace desaparecer todo esto.

Hay comentaristas que lo interpretan como comprometerse con un camino, dejar de picotear de aquí para allá. También puede ser. Pero para verlo claro también hay que volver un poco atrás, al sūtra 14, donde Patañjali explica cuándo la práctica se asienta de verdad: durante mucho tiempo, sin interrupción y con devoción. Y mucho tiempo no habla de semanas, habla de años. Sin interrupción es volver a la práctica siempre. Y la devoción es cariño, es respeto con lo que estamos haciendo.

Entonces, yo creo que esa integración en el OM, en la divinidad, es lo que Patañjali nos dice: mira, déjate de historias, céntrate en el OM como representación de lo divino en ti, y esos obstáculos van a desaparecer.

Fijaos que hace dos vídeos os hablaba de las microdosis de OM. Esas microdosis de OM que obedecen a esta parte del camino en la que Patañjali nos dice que el camino se hace mucho mejor con el OM.

Esta temporada vamos a recorrer este mapa

Y precisamente por eso, dejadme que os cuente algo. Esta temporada he decidido que dentro del Curso de Yoga para Gente Normal vamos a recorrer este mapa. Le hemos llamado Yātrā. Yātrā es el peregrinaje, el camino del practicante de Yoga. Y vamos a seguir ese camino.

Voy a abrir inscripciones durante unos días, ya sabéis que ahora solo abro dos veces al año para estar muy centrado con los alumnos. Y este año no quiero que los nueve obstáculos sean simplemente otro sūtra que estudiamos un día, subrayamos en un libro y dejamos atrás, sino que quiero que nos acompañen en todo el curso.

Cada mes vamos a coger uno de estos obstáculos y vamos a detenernos en él. Vamos a tener un vídeo específico para comprenderlo con calma, audios específicos, y vamos a hacer las clases en directo de forma que giren también alrededor de ese obstáculo y de cómo podemos practicarlo desde Āsana y Prāṇāyāma. Vamos a escoger una postura que nos permita explorar corporalmente alguna de estas cosas de las que estamos hablando.

Y poco a poco vamos a recorrer los nueve. Uno cada mes, sin prisa. Incluso le vamos a dedicar la tutoría del mes a ese obstáculo, para poder vivir de verdad la transformación.

Si te interesa esto, es algo que vamos a hacer esta temporada en CállateyhazYoga.com y luego va a desaparecer. Siempre he dejado el material para siempre, pero este año vamos a hacer un par de cosas, y ya os anunciaré una cosa muy chula que vamos a hacer para profesores, que va a estar disponible esta temporada. ¿Por qué? Porque si no, vamos a hacer lo que dice Patañjali: vamos a dejar ahí la mente dispersa y lo vamos a ir dejando pensando “bueno, ya lo haré algún día”.

Así que esta temporada nos vamos a centrar en los obstáculos. Si os interesa, os anunciaré la apertura de estas inscripciones en la newsletter y también por aquí.

Tres ideas para terminar

Antes de despedirnos, tres ideas súper rápidas.

La primera: los obstáculos no son fallos personales, son tramos conocidos del camino que Patañjali ya nos dejó marcados en el mapa. Es decir, que si hoy estás en uno de ellos no significa que el Yoga no sea para ti, significa que estás caminando.

La segunda: cambian según el momento. Unos nos frenan en la puerta, otros nos desvían, otros aparecen cuando ya llevamos tiempo. Reconocer en qué zona estamos ya es empezar a atravesar los obstáculos.

Y la tercera: el remedio a veces no es más fuerza de voluntad, es un camino sostenido, volviendo, con cariño, con respeto, escuchándonos, recitando.

Y cuando miramos la práctica así, como un terreno que recorremos, se va mucha presión y se hace el camino mucho, mucho más amigable.

Espero que tengas más salud, que estés cerca de las personas que amas, y que te encuentres seguro y en paz.

Nos vemos en CállateyhazYoga.com.

Namasté.

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