Hoy vamos a hablar del fluir de la estática y el movimiento interno de las Asanas.
El tesoro escondido en la estática de las posturas de Yoga.


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El fluir de la estática

Si hay algo que me gusta es lo dinámico, lo activo. Me gusta lo vivo, el movimiento y la acción.
Siempre he defendido un Yoga desde esas características y en mis clases intento siempre que esté presente la pasión de lo vivo, lo despierto y lo activo.

Pero últimamente no paro de ver movimiento y solo movimiento en el Yoga. Parece que la estática ha quedado reñida con lo fluido.

Me encantan las Vinyasas y los estilos que más las practican. Pero hay un tesoro tan grande en lo estático, algo que nos permite después que el movimiento se dé con más gracia y salud, que quería mencionar algunas cosas. Perdonad pues quizá es simplemente una impresión y esto es algo subjetivo, pero si me permitís querría hablar un poco de lo que hay encerrado en la estática, por llamarlo de alguna manera.

El tiempo de permanencia

Las Asanas necesitan tiempo de permanencia. La estructura muscular, y orgánica necesita el tiempo de permanencia. Así como la estructura ósea.

Hay algo curioso y es que las Asanas se van forjando desde la estática y desde la dinámica. De hecho, en la dinámica se pulen algunas cosas, se llega algunos sitios que de otra manera cuesta mucho llegar y el elemento éter, videsh, se hace presente con todo lo beneficioso que conlleva trabajar con los elementos, como ya hablé en otro episodio del elemento fuego y tierra.

Sin embargo si solo estamos en el movimiento, la hondura muscular se pierde y tiramos, casi siempre, de las mismas fibras musculares, con lo que podemos acentuar un vicio de movimiento o un vicio de estiramiento. Me explico.

Al hacer una postura y pararse en ella un largo rato, lo que permita, claro está nuestra fuerza, hace que las fibras musculares trabajen armónicamente.

Hacemos un Asana y se estiran unas fibras. Primero las más resueltas en hacer aquello que la postura nos pide. Después va pasando el tiempo de permanencia y el Asana o la acción del Asana va llamando a otras fibras, las estira, las mueve, la cadena se hace más larga, no solo se mueven aquellas fibras que más móviles o elásticas estaban.
La sangre empieza a fluir y a llegar masivamente a esos lugares que, manteniendo el tiempo, permite irrigar la sangre en toda la zona.
La musculatura se pega al hueso, y este se nutre con tal acción. Así, todo el organismo se beneficia completamente de ese tiempo de permanencia que, de otra manera, no tendría la posibilidad de trabajar a ese nivel profundo.

El fluir es precioso, uno se siente ligero, lleno de energía y en Paz. Savasana se hace a dos centímetros del suelo y el cuerpo astral vibra enérgicamente. Con la estática podemos colarnos en el Ser interior, ver cómo se relaciona con nuestro Yo externo, y unirse ambos en el proceso.

El movimiento hacia el núcleo del Ser

Cuando estamos en una postura no deberíamos observan cómo se mueve el cuerpo, que también, sino que podemos observar qué de lo profundo de nosotros se va moviendo con la postura.

Entramos en el Asana y está el requerimiento técnico, pero yo no soy lo externo, lo que se mueve con el esqueleto. Permanezco en la postura, estoy atento, permito que la estructura se mueva, se adapte, a veces sufra y se haga la postura, pero es mi Ser interior, ese que es eterno, el que se va desplegando en cada rincón de la postura. Así, el movimiento interno de la postura se da. Estando tiempo y al igual que unas fibras musculares llaman a otras, si doy tiempo, aquella parte del ser interno tocado con el Asana puede tomar una dimensión profunda y más rica en sus percepciones. Te transforma, el tiempo de permanencia te cuela en tí mismo. Te recoge, te ayuda y te transporta en la Unión de lo divino.

Cuando hacemos posturas hay una parte física que en ocasiones es incómoda, pero ya sabemos que la técnica externa, nos permite la comprensión de lo interno. Por eso ir afinando las posturas nos da paso a esa visión global del Ser que es en definitiva de lo que Patanjali nos habla.

La precisión en Asana

No creas que defiendo la precisión por la precisión. Sé que en la precisión de Asana puede estar lo divino y puede no estar. Eso es un hecho.  Para mi la cosa no va de cuánto puedo mover una estructura hacia donde me pide la postura, sino cuánto amor puedo desplegar en la postura hacía donde me pide la postura y verme cara a cara con lo divino.
Mi propuesta en la estática y en la dinámica siempre es la misma: ¿cuanto amor estoy moviendo, cuánto me estoy refinando, cuanto estoy cambiando y acercándome a lo de dentro?

Así que la estática me permite pulir el Asana, me permite llegar al centro de la estructura y al núcleo del ser, y permite que en la dinámica haya más precisión, ligereza y gracia. La fluidez de la estática, permite una mayor fluidez de la dinámica, le da más sentido, profundidad y trascendencia.

La estática por si sola no va a ninguna parte pues a la larga nos da rigidez, cierra espacios articulares y tensa lo orgánico. El tiempo de permanencia por el tiempo de permanencia no va a ninguna parte más que a la rigidez articular. La movilidad al final es lo más importante que hay para nuestro organismo, y desde el fluir de esa estática en las Asanas podemos construir una movilidad duradera, sólida, ligera.

Puliendo las posturas

Así que mi reflexión es intentar pulir el asana, meternos en el taller de la estática, saborearla, disfrutarla, conocernos en ese pararse a estudiar la postura, permitir que la sangre bañe cada rincón de nuestro ser. Estar un rato en la postura, notar como toca cada milímetro de Ser interno a través del Ser externo. Fijarnos en cómo se relacionan estos dos aspectos. Y luego, disfrutando de ese trabajo hecho, podamos meternos en el fluir de la dinámica, ese rico movimiento en el que parece que bailamos con el Asana y con lo Divino.

Hay fluir en la estática, hay fluir en la dinámica. Podemos desplegar amor cuando estamos parados en la observación y cuando estamos en ese movimiento que despierta al espíritu, pero al igual que la estática sola nos da rigidez, la dinámica sola nos quita la profundidad del sabor del Yoga.

Como siempre decimos, se nos ha dado lo relativo, lo de fuera, para llegar a lo absoluto, lo de dentro. Asana es el puente que cruza de lo relativo a lo absoluto.  Saboreemos con mimo las posibilidades que nos da Asana de colarnos hasta lo más profundo de nuestro ser interno y viajar hacia lo divino desde una sólida estática con un fluido movimiento interno.


Espero que me sigas acompañando en este pequeño y humilde viaje de Yoga y que podamos seguir aprendiendo todos juntos porque al final ese es el objetivo del Yoga y de la vida. Nos escuchamos en el próximo episodio.

Espero que tengas más salud
Que estés cerca de las personas que amas
Que te sientas seguro y en paz


sala de práctica de Yoga

 

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