Nuestros sueños según el Yoga


Hola, Sādhakas, ¿qué tal?

Hoy quiero hablaros de un concepto del Yoga poco conocido, que es el testigo, Sākṣī, en sánscrito, el testigo y los cuatro estados.

Es una enseñanza que he descubierto hace poco, ahora os digo dónde y cómo, y me ha dejado pensando que tenemos más en nuestra mano en el día a día, en el día y noche, darnos cuenta de que somos más de lo que vivimos, más de lo que pensamos e incluso más de lo que sentimos en esta tierra.

Ya que somos eso que se da cuenta de todo. Esto está implícito ya en el Yoga, pero con este Sākṣī, este testigo y los cuatro estados, vais a ver que lo vemos de una manera súper clara en nuestro día a día y en nuestra vida diaria. Ni siquiera hace falta que nos vayamos a una cueva.

Además, es de estas ideas que, una vez las ves, ya no dejas de verla.

Y es que cada noche desaparecemos. Cerramos los ojos y durante unas horas dejamos de existir para nosotros mismos. El mundo se apaga y a la mañana siguiente volvemos como si nada y seguimos con nuestra vida.

En realidad, cada día pasamos por tres estados distintos. Y luego hay un cuarto, uno que engloba todo. De este cuarto va justamente el episodio de hoy.

Es algo que hacemos todos los días y que casi nunca nos paramos a pensar en ello. Pero el Yoga sí se paró a pensarlo. Hace siglos, sus enseñanzas más antiguas miraron de cerca esto, tan normal, de dormir, soñar y despertarse. Y lo estudiaron de una manera muy curiosa, para entender a través de ello quiénes somos de verdad.

Así que en este episodio vamos a ver, primero, de dónde sale todo esto, que es un breve texto antiguo del Yoga llamado Māṇḍūkya Upaniṣad. Segundo, vamos a ver estos tres estados por los que pasamos cada día casi sin darnos cuenta y vamos a ahondar en ellos. Y tercero, lo más importante: ¿quién es ese que sigue ahí cuando todo lo demás cambia?

Así que si te interesa todo esto, vamos a verlo en detalle.

Māṇḍūkya Upaniṣad

Os cuento cómo llegué a todo esto.

Estos días he estado preparando con un alumno del Curso de Yoga para Gente Normal una Master Class sobre todo lo que tiene que ver con los sueños, los sueños lúcidos y el Yoga.

Y justamente, buscando por dónde enfocar bien esta Master Class, me topé con un concepto antiguo del Yoga que me pareció tan bonito que se merecía su propio episodio aquí.

Déjame adelantarte a dónde quiero llegar porque es lo importante.

Eso que se da cuenta de todo no está solo de noche, está presente todo el rato en los tres estados. Solo que casi nunca nos damos cuenta.

Y dirás tú: bueno, si la práctica de Yoga va de eso, la práctica de la meditación también va de eso.

Lo que pasa es que vamos a verlo desde el foco del Māṇḍūkya Upaniṣad y desde el foco de estos tres estados.

Fijaos que a veces no nos damos cuenta del todo. Tanto, que hay quien está medio dormido también en plena vigilia, en el día a día. Gente que vive en piloto automático, que a veces se mete en dinámicas mentales, o nos metemos en dinámicas mentales, y no nos damos cuenta de que estamos como solo en la densidad, que estamos solo en la materia.

Por eso es por lo que de verdad importa ya no solo entender este concepto, sino darnos cuenta de ello y aprender a sostenerlo muy presente. También cuando estamos despiertos, claro.

Este concepto de Sākṣī, de testigo, viene de un texto muy antiguo que se llama Māṇḍūkya Upaniṣad. Es uno de los textos más cortos que existen, apenas 12 versos, que se puede leer en un par de minutos.

Pero en esos 12 versos hay una idea que lleva siglos dando que pensar.

¿Y de qué habla? Pues de eso que vivimos cada día casi sin darle importancia: estos tres estados de conciencia.

Jāgrat, Svapna y Suṣupti

Fíjate una cosa. Cada uno de estos estados tiene su nombre en sánscrito y el nombre ya nos dice mucho de él.

El primer estado es Jāgrat, que es el estado en el que estamos despiertos, con los ojos abiertos, con el mundo delante, con las cosas que hacemos en el día a día. Lo que llamamos la vigilia.

La palabra viene de una raíz que significa precisamente estar despierto, velar o estar alerta. Aquí la conciencia se vuelca hacia afuera, hacia lo que estamos haciendo, a las cosas estas de la densidad que decíamos, de la materia.

Y es también donde más nos creemos que somos esto: nuestro cuerpo, nuestro nombre, nuestra historia, nuestro pasado.

Luego está el segundo estado, que es Svapna, el sueño con ensueños, el que tenemos cuando nos dormimos, cuando empezamos a soñar. La palabra, de hecho, significa literalmente sueño o ensueño.

Y aquí pasa algo curioso. Los sentidos se cierran al mundo de fuera, como que ya no nos damos cuenta de lo que tenemos alrededor, pero por dentro la mente no para.

Sigue creando, genera lugares, personas, conversaciones, historias enteras. Todo a partir de sus propios recuerdos, sus propios deseos y todo esto que ya sabemos.

Y la tradición asocia este estado con la luz. La mente se ilumina a sí misma y se fabrica su propio mundo desde dentro, sin necesitar nada de fuera como antes, nada de lo que ve en ese instante.

Y mientras estamos ahí, pues nos lo creemos todo. No dudamos ni un segundo. Por raro que sea lo que nos ocurre, nos parece completamente real.

Ese es el segundo estado.

Y el tercer estado, que es Suṣupti, es el sueño profundo, ese sueño sin ensueños, el más hondo de la noche.

Su quiere decir bueno, profundo, y ṣupti es dormir. O sea, el sueño bueno, el de descanso de verdad.

Aquí ya como que no hay nada. Ni mundo de fuera, ni sueños, ni pensamientos. La conciencia deja de dividirse en mil cosas y se queda recogida, en reposo, cerca de su origen.

Es un vacío tranquilo del que no recordamos absolutamente nada y del que, sin embargo, salimos muy descansados.

Jāgrat, Svapna, Suṣupti. Vigilia, sueño con ensueños, sueño profundo. Tres estados completamente distintos y cada día o cada noche los atravesamos todos.

Turīya, el cuarto

Aquí es donde el Māṇḍūkya Upaniṣad añade lo que de verdad importa.

Porque después de describir estos tres estados, dice algo que no esperaríamos. Dice que hay un cuarto estado. En sánscrito lo llaman Turīya, que significa literalmente eso, el cuarto.

Pero, ojo, porque no es un cuarto estado al lado de los otros tres.

No es que tengamos vigilia, sueño, sueño profundo y una cuarta cosa más, sino que es algo que está presente en los tres a la vez, algo que no cambia mientras todo lo demás cambia.

Es lo que observa la vigilia, es lo que observa también el sueño y es lo que observa incluso el descanso profundo.

Es lo mismo en los tres, una especie de presencia callada que está ahí siempre, detrás de cada estado.

A eso se le llama Sākṣī en sánscrito: el testigo.

No somos la película

Te propongo una imagen para que se entienda fácil.

Es como si pensamos en una pantalla de cine. En la pantalla se van pasando películas distintas. A veces de acción, llenas de movimiento. Otras veces es un sueño extraño que no tiene ningún sentido, algo surreal. Y a veces una pantalla casi en negro, sin apenas nada.

Es decir, que las películas cambian todo el rato. Pero la pantalla sigue siendo la misma siempre.

Entonces la vigilia es como una película, los sueños son como esa película surreal y el sueño profundo es la pantalla casi a oscuras.

Nosotros, sin darnos cuenta, nos pasamos la vida identificándonos con la película, creyendo que somos eso que pasa en la pantalla.

Y se nos olvida que realmente lo que somos es la pantalla, eso que está siempre, eso que está por debajo de todo, de todo eso que va y viene y que tiene una presencia completa.

El OM y los tres estados

Este texto, el Māṇḍūkya, gira en torno a un solo sonido: el OM, A-U-M.

El OM ya sabéis que se corresponde con todo. Y la A, la U y la M se corresponden con los tres estados.

Hay muchas correspondencias del OM en el Yoga, incluso en el budismo, con diferentes cosas, pero en el Māṇḍūkya la A, la U y la M se corresponden con la vigilia, el sueño y el sueño profundo.

Y el cuarto, el testigo, es el silencio. El que estaba ahí antes de empezar a sonar incluso el OM y el que sigue estando cuando se apaga.

Y aquí viene lo que más me gusta de todo.

Porque, como siempre, yo lo que os propongo con todo esto es que no sea una idea abstracta de estas cosas que suenan bonitas pero que no se pueden tocar.

Es que tenemos una prueba, y la tenemos cada mañana.

Cada mañana despertamos. Sabemos si hemos dormido bien, mal, y lo sabemos además sin pensarlo. Hemos descansado o pensamos: qué mala noche.

También sabemos si en el sueño profundo no había nada, ni mundo, ni sueños, ni pensamientos. O si ha habido muchos sueños o no.

Pero algo estuvo presente. Algo observó siempre, incluso cuando había ausencia, cuando había sueño profundo.

Y por eso al despertar podemos decir si hemos dormido bien. Esto es como una prueba de que el testigo sigue ahí.

¿Cuántas veces nos hemos ido a la cama con un problema dándole vueltas y nos hemos despertado con la solución?

Esto lo hablamos también en esa Master Class de sueños lúcidos.

O esa solución ha venido justo en ese punto de entremedias, de dormir, despertar, justo en ese estado que se llama el estado hipnagógico. Yo creo que nos ha pasado a todos.

Y dice exactamente lo mismo: que mientras el cuerpo dormía había alguien, había algo despierto ahí dentro. Algo trabajando, pero en la sutileza.

Porque eso que somos nunca se apaga.

Es algo que siempre estuvo ahí y está cuando dormimos, en los tres estados, y siempre está por debajo de todo.

No somos la película. Somos lo que sostiene, lo que ve, lo que mira, lo que está presente.

El testigo en el āsana

Esto que parece muy filosófico, yo creo que cuando practicamos, cuando estamos en meditación, cuando observamos la respiración, cuando vamos notando los cambios en un āsana y vemos pasar un pensamiento de “esto me cuesta”, “aquí no llego”, “aquí sí llego”, “esto bien”, “esto mal”, hay algo incluso por detrás de eso.

Algo que está haciendo el āsana.

Si paramos ese discurrir incesante de pensamientos, nos damos cuenta de que podemos ser el testigo.

Y eso es lo que hace el āsana.

Fijaos que aquí interviene como una doble vía. El āsana es capaz de tocar el testigo y el testigo al āsana, pero tenemos que tener como la puerta abierta.

Si nos lo llevamos a un flipe total de “quiero ver luces de colores”, esto se va.

Si estamos solo en la técnica, en lo mecánico y en la práctica milimétrica, esto se va.

La puerta de la presencia tiene que estar abierta de par en par con el poder de nuestra intención y de acercarnos a ese āsana, a esa meditación, a ese ratito de silencio, desde somos eso que no tiene nombre, somos ese testigo.

Pratyāhāra, dhāraṇā y dhyāna

El camino del Yoga está lleno de momentos así.

Fijaos que tenemos pratyāhāra, dhāraṇā y dhyāna, esa recogida de los sentidos hacia el interior, esa concentración y esa meditación.

Y apuntan a esa dirección directamente, pero tiene que estar nuestra intención.

Pratyāhāra: soltamos el mundo de fuera, retiramos los sentidos.

Dhāraṇā: enfocamos la mente en un solo punto, que a veces es la propia técnica de la meditación, pero no es la meditación, que lo hemos hablado muchas veces.

Y luego estamos en dhyāna. Nos quedamos ahí, sosteniendo esa atención, esa calma.

Tres pasos hacia el interior y el testigo observándolo todo, siéndolo todo, presente en cada paso que damos hacia dentro.

Un pequeño guiño al testigo

Así que nada más. Os dejo con esta propuesta sencilla, incluso para esta noche.

Que incluso cuando nos metamos en la cama seamos conscientes de que, a pesar de que parece que va a desaparecer todo nuestro alrededor, en el ensueño tengamos presente que somos eso que no tiene nombre, eso presente, eso eterno.

Sin forzar nada, sin agobiarnos. Simplemente notándolo como un pequeño guiño al testigo.

Una pequeña manera de recordar que hay algo en nosotros que sigue presente.

Y que no solo se quede en la cama. Esto nos lo tenemos que llevar, como os digo, a esa meditación, a esa concentración y a ese hacer secuencias de āsanas o una āsana que no nos sale.

Presentes en el testigo.

Y veremos cómo el āsana toma otro sabor.

¿Qué sabor?

El sabor del Yoga.

Y nada más. Nos vemos en callateyhazyoga.com. Espero que tengas más salud, que estés cerca de las personas que amas y que te encuentres seguro y en paz.

Namasté.

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