Marta comparte con nosotros su profunda visión del Yoga y de la Vida.
Sin duda una buscadora genuina que tiene mucho que enseñar…


Una Experiencia de Yoga: Marta Celis

 

Valencia, 2006: Ahí inicié mi camino en el Yoga.
Llevaba ya un par de años opositando y mi madre (¡benditas madres!), me aconsejó que me apuntara. Esta disciplina me permitiría cuidar cuerpo y mente. Mientras que el cuerpo sufría por estar demasiadas horas inmóvil, la mente padecía de hiperactividad.
Durante una hora y media, dos días por semana, era feliz. Comencé a familiarizarme con conceptos que hoy utilizo con asiduidad. Descubrí el bienestar de visualizar los siete chakras y sus brillantes colores: desde entonces anhelo abrirlos y conseguir alinearlos.

1º Muladhara, base de la columna vertebral, con su color rojo nos enraíza a la tierra.
2º Swadhisthana, hallado en el sacro, es naranja y centro del poder para generar la vida.
3ª Manipura forma el plexo solar que, como el gran astro que nos da la vida, es amarillo.
4º Anahata es el verde corazón, que nos permite dar y recibir amor.
5ª Vishuddha convierte la garganta, centro de expresión, en un punto azul celeste.
6º Ajna, azul oscuro, es nuestro tercer ojo.
7º Sahasrara termina nuestra coronilla con un blanco puro que nos conecta con el ser Superior.

En mis clases, me mareé como en una montaña rusa haciendo Kapalabhati (respiración de fuego) y Marjaryasana (gato/vaca). Por el contrario, me sentía hábil en Sarvangasana (la postura sobre los hombros) y flexible en Halasana (arado). El centro y la profesara me gustaban, pero en 2007 mi vida dio un giro de 180 º, todo cambió, volví a Madrid. Se dice que cada crisis, cada cambio, es el inicio de algo nuevo. Así fue.

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Reencuentro con el Yoga

No me reencontré con el Yoga hasta 2011. Ese año descubrí que los ojos también pueden hacer Yoga y fui consciente de la importancia de mis pies, parte del cuerpo que me sostiene y me transporta, a pesar del maltrato diario. Aprendí a querer cada uno de mis órganos. Mejoré mi Virabhadrasana mientras me visualizaba como una fuerte guerrera capaz de enfrentarse a cualquier batalla y, mi medio Padmasana (loto), me enseñó  la importancia del Pranayama. ¡¡Con más de 30 años empecé a ser consciente de la importancia de la respiración!! Hacemos de este acto vital algo  tan cotidiano y reflejo que olvidamos su incalculable valor: no le reconocemos el mérito de mantenernos vivos en cada inhalación, mientras que con cada exhalación desechamos la toxicidad que nos mataría.

En 2014 me apunté a un gimnasio en el que se impartía Yoga. Cada uno de los profesores, con sus distintos estilos,  me aportaba diferentes y complementarias visiones de esta disciplina. En esta etapa, mis pasos en el Yoga y con el que, para mí, es el gran maestro Yogi, Jorge Caballero, fueron lentos aunque me gusta pensar que seguros. Las circunstancias personales y laborales que me rodeaban impedían que fuera fiel a un horario fijo, de ahí que en el primer email que me atreví a escribir a Jorge me autodenominé como “la chica itinerante”. Soy muy afortunada por muchas cosas  y una de ellas es por haberme encontrado con un ser de luz como mi profesor. Posee dharma y su generosidad es tal que utiliza su poder de enseñar para acercar a sus pupilos a esta forma de vida, porque el Yoga se hace parte de ti y no te deja indiferente, siempre y cuando tú se lo permitas.

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Lo que me cambió el Yoga

La práctica de Yoga ha ido haciendo en mí cambios sutiles y beneficiosos. Ignoro si son visibles, pero yo los siento.
Nunca me he visto tan bien ni nunca me acepté tanto como lo hago ahora. Físicamente, voy avanzando con las asanas, aunque muchas de ellas se me resisten o, mejor dicho, soy yo la que se resiste a ellas (los miedos no son buenos consejeros).

No voy a negar que sigo teniendo días grises, complejos y molestias pero son menos que en el pasado o, tal vez, a pesar de que numéricamente me parece que siguen siendo demasiados, mi nuevo yo los relativiza con el convencimiento de que todo pasa, que hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el cielo. Las sombras no deben apartarnos del objetivo final: vivir buscando la luz y la verdad, estados que traen consigo paz.

Como católica practicante, el Yoga me ha seguido acercando a Dios. Meditar con los elementos (el viento, el ruido del agua, los rayos del sol) me conecta con su gran creación, además de ver con otros ojos las montañas, el mar… He rezado en distintos lugares, pidiendo unidad y sintiendo que algo superior nos conecta a todos, independientemente de nuestras creencias religiosas o la ausencia de ellas (muchos de mis seres queridos son ateos o agnósticos y mi conexión con ellos también existe). Yo creo en Dios y en Jesucristo, pero otros creen en Buda, en Alá, en la energía, en el universo o en la inteligencia suprema… Con amor y respeto la unión es posible porque en realidad existe, ya que todo está conectado y nada es casual. Es el séptimo Chakra el que nos  lleva  a la conciencia divina y a la confianza en el universo, estado que no alcanzaremos sin la humildad de sabernos limitados ante el infinito, ante el Ser Supremo.

Veo la vida como el mayor de los milagros y el cuerpo como un bien que debemos cuidar y respetar. El Yoga me ayuda a mantenerlo activo, encauzándome sutilmente hacia hábitos más saludables, incluyendo la alimentación.

Por otro lado, el Yoga  me está permitiendo conocer y abrirme a gente maravillosa que, ya por siempre, formarán parte de mi historia vital. Además, en estos últimos años he tomado decisiones y actitudes que hubieran sido muy distintas hace un tiempo.

La vida es un camino que puede andarse de muchas formas. Cada vez tengo más claro cómo quiero recorrerlo, y espero que el Yoga siga siendo uno de mis compañeros de viaje.

NAMASTÉ.
Marta

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Comentarios (9)

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Bravo Marta.Qué gran persona y mejor practicante eres.Como dices,hemos tenido la suerte de encontrar el mejor guía en este camino precioso,pero lleno de «subes» y «bajas» que es el Yoga.

Un abrazo fuerte y a seguir practicando.

Namasté

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Carlos, Gracias a tí por ser siempre tan cariñoso y buen compañero. Besos.

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Marta!!! qué bonito todo lo que nos cuentas, además de estar totalmente de acuerdo.
«Con amor y respeto la unión es posible porque en realidad existe, ya que todo está conectado y nada es casual.»
Hay una metáfora sobre la vida, que he recordar cuando leía tus reflexiones.
«Para que la luz del sol pueda brillar a través de la ventana, debo levantar las persianas».
Gracias por brindarnos tu experiencia, y que nos sigas regalando tu sonrisa.
Namasté

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¡Felipa! Me encanta la metafóra de la ventana, te la copio. Gracias a ti por tanto afecto que siempre me muestras. Besos. Namasté.

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Hola marta!
No sé qué decir…me ha emocionado mucho todo lo que has escrito! Es bellísimo y en mí ha echo un click para retomar nuevamente las práticas, ya que estaba medio pachucha por varias cositas que me han sucedido!
En cuanto a Jorge es maravilloso profe (y por lo que puedo ver también ser humano) agradezco al Universo que me permitió saber de él.
Saludos!

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Hola Julia, como me alegra de tenerte por los comentarios!!!
Sí, es fantástico e inspirador el relato de Marta. De eso se trata y era la idea con estas experiencias, que veamos como viven los demás su Yoga, pues nos acerca y motiva. Al final todos somos personas y el saber de otras personas nos anima y nos pone en marcha muchas veces. La experiencia de Yoga de Marta nos ha cautivado a todos, y lo digo de corazón.

Ah, Julia, y por qué no nos cuentas la tuya???? Nos encantaría a todos, estoy seguro. ¿Te animas?
Ahí lo dejo!

Un besazo guapa y gracias por pasarte a comentar!

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Julia, mil gracias por tus palabras. El texto está escrito desde el corazón y me alegra muchísimo que te haya gustado.
En cuanto a retomar el Yoga, ¡enhorabuena! Seguro que vuelves con más ganas y energías. Además has optado por la mejor opción: volver de la mano del gran Jorge y su web. Espero que, en nada, podamos leer tu experiencia que seguro nos enriquece a todos.
Un abrazo. Marta. Namasté.

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