Biomecánica y Yoga #2: los tres planos que construyen tus posturas
Seguimos con la serie de biomecánica aplicada al Yoga. Y hoy quiero empezar con una pregunta.
¿Cuántas veces te han dado una indicación en clase —«rota el muslo hacia dentro», «abre la cadera», «lleva el hombro a una rotación externa»— y has asentido sin tener ni idea de qué te estaban pidiendo exactamente?
A todos nos ha pasado. Y no es porque no prestemos atención. Es porque nos falta el mapa. Nos falta una referencia desde la que entender qué significa cada uno de esos movimientos.
Pues hoy vamos a construir ese mapa. Y para hacerlo vamos a usar una vieja conocida: Tāḍāsana. Pero no te preocupes, que no vengo a repetirte lo importante que es la postura de la montaña, que eso ya lo hemos hablado muchas veces. Hoy la vamos a usar de otra manera. La vamos a convertir en nuestro campo de operaciones: el sitio desde el que vamos a entender cómo se mueve tu cuerpo entero.
Tāḍāsana es tu punto cero
Vamos a empezar por una historia que a mí me parece preciosa.
Cuando los anatomistas empezaron a estudiar el cuerpo, se encontraron con un problema muy práctico. Necesitaban una forma de describir dónde está cada cosa. Porque si yo digo «el brazo está levantado», ¿levantado respecto a qué? Si digo «la palma mira hacia delante», ¿desde qué posición?
Así que hicieron algo muy práctico: se pusieron de acuerdo en una postura de referencia. Una sola. Un punto de partida común, una convención, desde la que describir todo lo demás. La llamaron la posición anatómica.
Y esa posición es, más o menos, así: de pie, el cuerpo erguido, la mirada al frente, los brazos a los lados y las palmas de las manos abiertas hacia delante. No es que ese sea el estado «natural» del cuerpo ni una postura de reposo; es simplemente el punto cero que acordaron para poder decir «esto está por delante, esto por detrás, esto gira hacia dentro» y que todo el mundo se entienda.
¿Y sabes a qué se parece muchísimo esa posición? A Tāḍāsana.
No es exactamente igual —en la posición anatómica las palmas van más abiertas hacia delante—, pero se parece bastante. Y eso nos viene de maravilla, porque significa que ya tienes en el cuerpo una postura que puede funcionar como tu referencia.
Ojo, no digo que los anatomistas se inspiraran en el Yoga ni nada por el estilo. Son dos cosas que nacen por caminos distintos y con propósitos distintos. Lo que digo es que, para lo que nos interesa a nosotros hoy, Tāḍāsana nos sirve igual de bien como punto de partida. Porque en el Yoga también es, de hecho, un punto de partida: es la postura desde la que crecemos hacia arriba, desde la que encontramos los pies, la línea de las piernas, la pelvis, la columna, la coronilla. La postura donde nos organizamos antes de movernos.
Así que quédate con esta idea: para hoy, Tāḍāsana es nuestro punto cero. Nuestro campo de operaciones. Y todo lo que hagamos a partir de ahí lo vamos a poder entender como un movimiento que parte de ese punto.
Tres maneras de alejarte del mapa
Vale. Ya tenemos el campo de operaciones. Ahora, ¿hacia dónde nos podemos mover desde él?
Y aquí hay algo que ayuda mucho, porque ordena una barbaridad. Para estudiar el movimiento, en biomecánica lo organizamos en tres grandes planos. Tres. Y aunque el cuerpo real casi siempre mezcla varios a la vez, entender estos tres por separado te da un marco para saber de qué estás hablando.
Si estás de pie, puedes probarlo conmigo.
El primero: hacia delante y hacia atrás. Piensa en una flexión hacia delante, en la que te doblas para acercarte a los pies. O al revés, en una pequeña extensión hacia atrás, abriendo el pecho. Adelante y atrás. A este se le llama plano sagital.
El segundo: hacia los lados. Inclínate hacia la derecha, como una media luna, y luego hacia la izquierda. No te vas hacia delante ni hacia atrás, te vas hacia el lateral. A este se le llama plano frontal.
Y el tercero: el giro. Quédate mirando al frente y gira el tronco hacia un lado, como cuando haces una torsión. No te doblas, no te inclinas: rotas sobre tu propio eje. A este se le llama plano transversal.
Y ya está. Adelante-atrás, lado a lado, y giro. Sagital, frontal y transversal. Esos son los tres planos en los que estudiamos el movimiento. Los nombres técnicos no hace falta que te los aprendas de memoria; te los digo para que, si algún día los oyes o los lees, sepas de qué van. Lo que quiero que te lleves es el marco: cuando miras una postura de Yoga, por complicada que parezca, puedes preguntarte en qué plano —o en qué combinación de planos— está trabajando.
Y te propongo algo para esta semana, sin más agenda que conocerte un poco mejor: en tu práctica, fíjate en cómo se siente tu cuerpo en cada uno de los tres planos. Cómo te sientes al flexionar hacia delante y atrás, al inclinarte a los lados, al girar. No para diagnosticar nada ni para etiquetarte, sino simplemente para empezar a observar tu movimiento con un poco más de detalle. A veces, solo con prestar atención a esto, ya notas cosas de tu cuerpo en las que nunca te habías fijado.
Por qué «rota el muslo» empieza a tener sentido
Ahora que tenemos el mapa y los tres planos, quiero que volvamos a una de esas frustraciones de las que hablábamos en el primer episodio: las indicaciones del profesor que suenan a otro idioma.
«Rota el muslo hacia dentro». «Lleva el hombro hacia una rotación externa». «Abre la cadera». ¿Cuántas veces has oído algo así y has asentido sin tener ni idea de qué te estaban pidiendo exactamente?
Pues fíjate lo que pasa ahora que tenemos el mapa.
Cuando el profesor te dice «rota el muslo hacia dentro», te está pidiendo un giro. Un movimiento en ese tercer plano del que hablábamos, el del giro, pero aplicado a una sola pierna: que la hagas girar sobre su propio eje, llevando la parte de delante del muslo un poco hacia el centro. No te pide que flexiones, no te pide que inclines. Te pide que gires esa pieza concreta.
Y cuando entiendes eso, la instrucción deja de ser una fórmula mágica que repites sin más, y pasa a ser algo que puedes sentir. Sabes qué estás buscando.
Pero aquí quiero pararme, porque hay un ejemplo que enseña justo lo contrario, y me parece todavía más útil. Piensa en una indicación que habrás oído mil veces: «abre la cadera».
¿Qué es exactamente «abrir la cadera»? Pues depende. En una postura puede significar separar la pierna hacia el lado. En otra, girar el muslo hacia fuera. En otra, llevar el fémur hacia atrás. Son acciones distintas, en planos distintos, y todas se dicen igual: «abre la cadera».
Por eso a veces una misma indicación nos confunde a medio mundo. No es que estemos espesos: es que la frase es ambigua. Y aquí es donde tener el mapa te cambia la posición. Porque ya no se trata solo de obedecer, sino de poder preguntarte —o preguntarle al profesor—: vale, «abrir la cadera» aquí, en esta postura concreta, ¿qué acción es? ¿Separo, giro, llevo hacia atrás? Tener el mapa te da precisión, y la precisión es la que hace que dejes de moverte a ciegas.
Ahora bien, no quiero venderte que todo en el Yoga se reduce a estos tres planos, porque no es verdad. Muchas indicaciones no van de moverte hacia ningún sitio, sino de otra cosa: sostener, estabilizar, alargar, distribuir el peso, activar una zona. Eso es otro territorio, y lo iremos viendo más adelante en la serie cuando hablemos de la musculatura. Los planos explican el movimiento, la dirección en la que te desplazas. Pero hay mucho en una postura que no es desplazarte, sino sostenerte.
Volver siempre al mapa
Y quiero cerrar con un recurso que a mí me sirve mucho, y que es más una forma de plantearse la práctica que una regla.
Va a pasar. Vas a estar en una postura complicada y te vas a perder. No vas a saber dónde poner el peso, hacia dónde llevar la cadera, qué está fallando. Y en ese momento, en lugar de forzar y forzar intentando arreglarlo desde el caos, a mí me funciona hacer justo lo contrario: volver al mapa.
Vuelve a Tāḍāsana, aunque sea mentalmente. Recupera la referencia: dónde están los pies, cómo se organiza la columna, dónde está el punto neutro. Y desde ahí, vuelve a construir la postura.
Porque el mapa no es solo el sitio del que partes. Es también el sitio al que siempre puedes regresar cuando te pierdes.
Tres ideas para quedarnos
Vamos a recoger lo de hoy en tres ideas.
La primera: para lo que nos interesa, Tāḍāsana funciona como tu punto cero, tu campo de operaciones, la referencia desde la que mirar todo lo demás.
La segunda: el movimiento lo estudiamos en tres grandes planos —adelante y atrás, a los lados, y girando—, y ese marco te ayuda a entender en qué se está moviendo una postura y a leer mejor las indicaciones de clase.
Y la tercera: cuando te pierdas en una postura, en lugar de forzar, prueba a volver al mapa y reconstruir desde ahí.
En el próximo episodio vamos a bajar un nivel más y a meternos con las articulaciones: por qué unas se mueven mucho y otras poco, por qué algunas se lesionan más que otras, y qué podemos hacer al respecto.
Todo esto está desarrollado en profundidad en el curso de Biomecánica aplicada al Yoga, que Raúl Trella imparte dentro del Curso de Yoga para Gente Normal.
Espero que tengas más salud. Que estés cerca de las personas que amas. Que te encuentres seguro y en paz.
Nos vemos en CállateyhazYoga.com.
Namasté.
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